Los migrantes que tomaron el puente de Matamoros en México

Los migrantes que tomaron el puente de Matamoros en México

Cientos de migrantes tomaron este jueves el puente fronterizo de Matamoros (Tamaulipas) que une esta localidad con la texana de Brownsville. Exigen que se acelere la respuesta a las solicitudes de asilo. Hace meses que esperan en territorio de México en el marco del Protocolo de Protección a Migrantes (MPP).

Éste forma parte de la política de Donald Trump por la que es obligatorio que los migrantes esperen en el lado mexicano de la frontera hasta que los tribunales estadounidenses decreten si pueden recibir protección en Estados Unidos.

El espontáneo campamento que han montado ha bloqueado el tráfico de camiones e impedido el paso de miles de personas que a diario cruzan la frontera para ir a trabajar, estudiar u otras acciones en ambos países.

Se calcula que habrá cerca de 500 migrantes en ese puente fronterizo, según la agencia estatal mexicana Notimex, mientras que la Oficina estadounidense de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), que ha desplegado 50 agente, estima que serán entre 250 y 300 manifestantes.

Hay que destacar que este paso fronterizo es el más transitado del mundo, con un comercio en ambos sentidos de más de casi 550.000 millones de euros anuales. Además, las áreas metropolitanas de Matamoros y Brownsville juntas albergan a cerca de 1,3 millones de personas.

Estas protestas se centran en las consecuencias que está teniendo el MPP desde principios de año. Organizaciones y periodistas denuncian que solo se dan trámite a las solicitudes de asilo de ciudadanos mexicanos.

Según la Universidad de Syracuse, que hace el seguimiento estadístico de los procesos legales de este protocolo, hay más de 6.300 migrantes que esperan en la localidad mexicana.

Entre cuatro y seis meses representan los tiempos de espera. En los puntos más concurridos, hasta ocho meses. Y lo peor no son esos tiempos, sino que los solicitantes de asilo tienen que afrontar precariedad y en ocasiones violencia. A ello se une que la capacidad de acogida de Matamoros apenas llega al millar de personas.

La violencia es habitual en la zona, donde está uno de los focos del crimen organizado de México. En marzo, veinte migrantes que viajaban en autobús desde San Fernando a Reynosa fueron secuestrados.

Este pasado septiembre, la ONU ordenó una investigación para esclarecer las supuestas ejecuciones extrajudiciales de ocho personas, presuntamente con la connivencia de la Policía estatal. También hubo una amenaza de bomba en el Ayuntamiento de Matamoros.

Entretanto, la Administración Trump ha llevado a cabo varias políticas unilaterales y alcanzado acuerdos con los gobiernos de México y los tres países del norte de Centroamérica para frenar el flujo migratorio. Lo que preocupa a organizaciones civiles e internacionales es que estén garantizados los derechos humanos de los migrantes en tránsito.

También es foco de preocupación la capacidad de los países para gestionar la migración. Se calcula que más de 800.000 personas viajan o están de viaje hacia Estados Unidos.

El paso fronterizo es una olla a presión y este bloqueo no es más que una serie de episodios e incidentes entre la policía mexicana y los migrantes. Según Sumando Venezuela, una organización que ayuda a los ciudadanos venezolanos, cerca de 500 personas de ese país fueron retenidas durante horas e incluso días en el aeropuerto de Cancún.

Denuncia que se les ha impedido entrar en México sin causa justificada y que no se les permite contactar con sus familiares, manteniéndoles aislados en un cuarto al que llaman la burbuja.

En Tapachula, una localidad cercana a la frontera con Guatemala, centenares de congoleños, angoleños y cameruneses se han enfrentado violentamente con agentes de la recién creada Guardia Nacional mexicana.

Las autoridades de México no han resuelto sus solicitudes para regularizar su estancia en el país y amenazan con organizar una caravana si no obtienen una respuesta rápida.

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