“Los intereses del nuevo capitalismo”, por Manu Sánchez.

Manu Sánchez.

Los europeos seguimos construyendo ese espacio común de integración de los países miembros, continuando con la línea de los originarios promotores que crearon normas generales para dar paso al sistema monetario, el libre comercio, el mercado interior único, la creación de la policía europea, el transporte, y una de especial relevancia como es la política universitaria europea.

Estas realidades en un principio divergentes entre todos los países miembros, se unen a la variedad de narrativas sobre lo que debe ser la UE, surgida precisamente por la ambigüedad que ha caracterizado al proyecto desde sus inicios donde muchas iniciativas ya están consolidadas y otros en fase de culminación. Sin embargo, entre estas normas globales aparece un elemento distorsionador en el ámbito de las políticas aplicadas como es la competencia, que es el ADN del libre comercio. Un cuerpo un poco gris, que se basa como aquella materia regulatoria competitiva que forja y se potencia desde ciertos grupos políticos liberales, así como desde algunos organismos públicos, -dícese la Comisión Europea-, adquiriendo una falsa doctrina en el razonamiento económico, al contemplar en sur teorías que, con la incorporación de la misma en las diferentes actividades económicas y labores, nos vienen a exponer que ofrecen grandes beneficios para la propia sociedad. Es decir, precios más bajos y una mejor prestación de los servicios. No obstante, en la práctica estamos viendo y comprobando como la sociedad española entra en un retroceso continuado, respecto a los demás países miembros, donde las aplicadas políticas liberales capitalistas basadas en los avances tecnológicos para mantener el empleo, nos han llevado a un escenario distinto, encontrándonos con un modelo de precarización laboral, junto a una fuerte reducción salarial que afecta a la conciliación familiar y otros elementos del Estado del Bienestar.

Es decir que el verdadero culpable de la flexibilización laboral no sería otro que ese avance tecnológico. Obviamente, sin embargo, no es legítimo culpar de la pérdida de puestos de trabajo a los progresos de la ciencia y de la técnica. Lo que genera desempleo, en realidad, es la apropiación que la clase político dominante hace de la tecnología, al ponerla al servicio del capital para optimizar las ganancias de las empresas.

Esta situación choca de frente con la regulación tradicional que trata de conseguir el máximo bienestar de los consumidores, buscando obtener eficiencia en la utilización de los recursos. Es decir, precios más eficientes que protegen al consumidor. Por lo tanto, podemos comprobar que el modelo de competencia, la eficacia para los defensores de la economía liberal, en su teoría, incitan a la confusión en la sociedad, al solapar el grado de bienestar social y con un mayor grado de excitación económica para obtener grandes beneficios en el menor tiempo posible.

La actual politización económica general marcada desde la Unión Europea y la revolución de los mercados han ido variando la línea política trasgresora para favorecer los intereses de agentes que intervienen en la macroeconomía (la globalización) creando a su vez, una política de agresiva austeridad sobre los ciudadanos europeos (europeización), situación que vienen a complicar aún más los procesos de la Unión.

Comentado de esta manera, entendemos que estas cuestiones de políticas económicas y especialmente en materia jurídica, procesadas por legisladores y reguladores procompetitivos, de corte liberal, han pasado inadvertidas de cara al sector del taxi, el cual, por indiferencia o desconocimiento, nos hemos preocupado tan poco que delegábamos sobre los representantes del sector el buen que hacer de la defensa de nuestra profesión y en especial del espacio vital como es el servicio público del taxi ya que muchos tecnicismos empleados en las normas posiblemente nos superaba.

Algunas responsables han dirigido el sector a la antigua usanza, sin dar más interpretación que las exigencias de un guión intoxicado para preservar su sillón y posiblemente un mantener un erróneo status sectorial. Otros lo han derivado exclusivamente hacia su propio interés. Los dos formatos han utilizado el común denominador de la expresión “Unidad”, pero una unidad rota desde el convencimiento, al indicarnos que el taxista de base no debía de meterse en berenjenales administrativos jurídicos, pues para eso estaban las representaciones pertinentes que a través de las asociaciones correspondientes ofrecían la responsabilidad de asegurar la supervivencia del colectivo. ¡Claro error! cuando algunos representantes avispados con información privilegiada, hoy son nuestros mayores enemigos.  Esta situación ha abocado al sector hacia un futuro incierto, introduciéndonos en un sistema económico competitivo, agresivo, voraz y destructivo sometiéndonos a un gran desgaste. Hoy gracias a los avances de la información, la sensibilización de todos nosotros, y el apoyo que se recibe desde ciertos grupos políticos, fieles a sus programas de trabajo con el sector en la defensa de los servicios públicos, los profesionales del taxi podemos ofrecer nuestras propias consideraciones jurídicas que aúnen los esfuerzos de todos y todas, provocando acciones de choque contra la disrupción capitalista. Por lo tanto, es necesario profundizar aún más en nuestra historia, pues será quien nos ofrezca en el presente una visión global de todo su alcance y de las posibles soluciones.

Por último, decir, que el sector del taxi es una materia incluida dentro del sector terciario, en concreto sobre los subsectores, encontrándose con muchas desigualdades, pues el servicio de taxi en los diferentes países de la UE, aunque próximos en sus bases jurídicas, en líneas generales somos muy distintos y distantes.

Cita: Tu destino lo escribes tú mismo con cada decisión que tomas, no se lo dejes en mano de otros porque te destruirán. Manu Sánchez.

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