“Lluvia», por Mari Ángeles Solís

Aquella tarde llovía, como si un alma se hubiera desgarrado en el horizonte. En los adoquines de la calle, el tic tac del choque de las gotas con la piedra, parecían estar marcando el tiempo de espera… todo estaba por llegar, podía ser un encuentro o podía ser una despedida, blanco o negro, futuro o pasado… pero la bruma entre la lluvia y su mirada desdibujaba figuras y siluetas, poniendo un ambiente turbio ante sus ojos que le impedía pensar, desplegando una cortina absurda que la sacaba de la realidad.
Mirando hacia el frente, se atrevió a dar un paso, ir en busca de la verdad. Todo estaba por venir… podía ser un encuentro o una despedida. Pero tenía que arriesgar y salió… La lluvia persistente se revolcada en sus hombros y resbalaba en su cabeza mojando el pelo sobre su cara. Se introdujo en las brumas mientras un frío intenso se acomodaba en sus huesos y le hacía temblar.
Sus pasos transmitían miedo. Las huellas que dejaba atrás eran como el tintineo del agua sobre la piedra. El cielo empezaba a abrirse. A la vez, un cielo rojo, azul y violeta intentaba llamar su atención y despejar su mirada que buscaban entre la niebla. Pero era inútil…
Inútil porque el camino ya estaba marcado, el camino ya lo había surcado el amor. Podía ser un encuentro o una despedida… pero era el momento. Mientras su cuerpo temblaba y el agua la volvía acaso un poco más vulnerable, la calle se abría a su paso… y, entre el tic tac del agua y el temblor de su corazón, oyendo unas pisadas que ya conocía… las brumas se fueron despejando y, poco a poco, veía, sentía cómo una silueta se acercaba y la abrazaba. Ya no había dudas. Era él.

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