“Liberalismo no es libertad”, por Francisco Estepa Vílchez.

Francisco Estepa Vílchez.

Como demócrata que creo firmemente en la política y en la participación ciudadana en los asuntos que afectan a lo colectivo en Democracia, después de estos años, en los que parecía que la política de bloques y grandes partidos caminaba hacia su transformación en un modelo con muchos partidos y la imprescindible necesidad de fomentar el diálogo y la negociación para alcanzar acuerdos y tomar decisiones, pienso que los últimos acontecimientos nos están llevando de vuelta a un escenario de grandes partidos políticos, que originalmente debieron de pensar los constituyentes, como la mejor vía para la gobernabilidad de nuestro querido país.

La corrupción política se viene repitiendo como el nexo común en la derecha. En los nacionalistas e independentistas catalanes de Convergencia Democrática de Cataluña (fundado en 1977, condenada en 2018 a devolver 6,6 millones de comisiones ilegales por adjudicaciones públicas y hoy PDeCAT) o la corrupción estructural y casi generalizada a nivel nacional en los herederos del franquismo, que inicialmente se agruparon en una federación de partidos en Alianza Popular y después en el Partido Popular (del que han salido las mayoría de dirigentes de Ciudadanos y VOX), es lo que lo está llevando a una tormenta política que seguramente culminará con la fusión bajo unas nuevas siglas de todo el espectro de esa derecha y extrema derecha española que existe en nuestro país y que lamentablemente parece que aún no ha aprendido lo que significa la Democracia y el multipartidismo.

La imagen diaria de cargos elegidos bajo la marca de Ciudadanos o algunos expulsados de VOX que se pasan a las filas del Partido Popular, sin ningún tipo de rubor y recibidos con los brazos abiertos, me hace pensar que simplemente representan el sentir de una parte de los votantes de Ciudadanos o VOX que están deseando volver a la nueva sede que está buscando el señor Casado para salir de la calle Génova. Son los mismos desde Alianza Popular o sus descendientes, los que buscan el camino para volver formar un bloque que pueda hacer frente al partido socialista con más de 140 años de historia y que gracias a una estructura territorial extensa y con experiencia, puede decir que es más difícil que la corrupción se generalice o perpetúe, como lo ha hecho en el Partido Popular.

La ventaja que tiene el Partido Socialista, que se mueve en el espacio ideológico socialdemócrata, de izquierda y progresista, a la vez que atractivo para quienes se dicen sentir de centro, es quizás que sus políticas son aceptadas por la mayoría de la ciudadanía que reconoce que todos los avances sociales en España han venido de su mano, frente a los gobiernos liberales y conservadores que confunden liberalismo con libertad y que anteponen el dinero y sus intereses, a las personas y el bienestar de la mayoría.

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