“Las reglas o las trampas del juego”, por Mari Ángeles Solís.

Mari Ángeles Solís del Río.

Mari Ángeles Solís del Río · @mangelessolis1.
También caminando a ciegas se adquiere experiencia, porque la experiencia no es más que el aprendizaje que adquirimos al caminar. Los tropiezos, las caídas sirven para hacer más fuerte, aún si cabe, el devenir de nuestros pasos. Y, caminando a ciegas, caeremos más, tropezaremos más… pero también será un obstáculo vivir de espaldas a la realidad.

Abrir los ojos y aceptar la realidad, quitarnos la venda que todos en algún momento quisimos llevar para que no nos dañase la verdad… no dejará de ser un modo de dejar de engañarnos a nosotros mismos.

Y no deja de ser ajeno porque lo vemos a diario. Sombras que se proyectan ante nosotros e intentan hacernos entender lo contrario de lo que en realidad son. Mientras la vista se pierde, a veces, contemplando las últimas luces en el horizonte, el espectáculo de la naturaleza… quizá nos explica que no todo lo que se va, vuelve; que no todo lo que viene, es para quedarse… como quien se suicida sin querer morir.

Alcanzar la meta comienza a ser imposible cuando somos nosotros mismos quienes creamos los obstáculos. Y crear obstáculos en nuestro camino es hacernos una traición, obsesionarnos con ser marionetas, a la vez que nos negamos a caminar. Nunca hubo una solución más clara: buscar la luz.

Seremos capaces de brillar nosotros mismos siempre que sepamos del respeto a los demás. Y hay personas que brillan, sí, sin duda alguna… y son como estrellas que se nos cruzan al caminar. Pero siempre habrá quien prefiera ensuciar esa luz, acusar de egocentrismo y parlotear acerca de superioridad fingida cuando, no hay mayor humildad, que regalar luz a los demás.

Y justo es, en ciertas ocasiones, acudir a aforismos y parábolas, a pesar de que nadie escarmienta en corazón ajeno… pero nos costará encontrar la frase exacta, la palabra oportuna que despeje el camino. Y la razón sigue siendo única: no querer ver la realidad.

El refranero popular no deja de recordarnos: “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Exacto: sobra hipocresía y falsedad. Aprendamos a caminar mirando hacia adelante, con las manos limpias, sin falsedad; con las manos limpias, sin hipocresía; con las manos limpias, sin fingir…

Si queremos seguir un ejemplo, elijamos bien; si queremos ser nosotros un ejemplo para los demás, actuemos con honestidad, sin engaños, sin imposiciones, sin trampas… aceptemos la realidad. No es cuestión de Sí o No, simplemente es cuestión de actuar con responsabilidad. Y cuando una persona no va a ser capaz de dejar un buen ejemplo, de ser un ejemplo de honestidad… ¿por qué alzarlo hasta la cumbre?… por sí solo ¿sería capaz?.

La respuesta nunca estuvo tan clara. Si apartamos a quienes brillan, sólo nos quedará oscuridad. Esa es la diferencia entre aceptar las reglas o jugar con trampas. De nada servirá imponer, porque te acabarás cayendo tú. De nada sirve aparentar ser santo cuando el engaño es quien dirige tus pasos. De nada servirá. Al final, el juego sucio, hará que caigas… pero lo peor de todo, es que tu falsedad nos hará caer a los demás.

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