“Las amenazas en el crecimiento económico mundial para 2019 apenas afectan a España”. Por Francisco Villanueva Navas.

Francisco Villanueva Navas.

Francisco Villanueva Navas · @FranciscoVill87
Economista y periodista financiero.
Desde el inicio de la recuperación económica hace apenas dos años después de sufrir la crisis de deuda pública y de financiación más grandes desde el crash del 29, el crecimiento de la Unión Europea en su conjunto ha sido muy tranquilizador para los mercados financieros, que han permitido un grado de confianza en la economía notable.

Aunque muchos economistas dieron por terminada la crisis, algunos entre los que me encuentro, no vemos la definitiva saluda clara por diversos factores que nos afectan. Bien es verdad que las intervenciones del Banco Central Europeo en la compra de deuda soberana ha sido el factor más influyente en la calma y estabilidad financiera de la economía.

El temor a una recesión en EEUU que acabe arrastrando a la economía mundial es la principal causa de desazón en el inicio de este recién estrenado ejercicio de 2019. Pero Trump es un foco de incertidumbre y de preocupación enorme, sus formas, sus ideas, su manera de actuar teatralizando todo de una manera dramática no son factores que contribuyan a apostar por un ciclo expansivo económico. En diciembre cargó con la Reserva Federal por subir tipos diciendo que son lo peor de la economía de EEUU. Y ahora se enfrenta con el Congreso amenazando con congelar el gasto público lo cual provocaría la recesión inminente.

Con los datos del empleo de diciembre en los EEUU, que aumentó más de 300.000 nuevos puestos de trabajo y fue más intenso que en meses anteriores. Por lo que la economía lleva mucha inercia y la recesión no sería antes del verano, salvo que la provoque el propio personaje de Trump. Lo peor es la debilidad del comercio mundial que anticipa menor inversión y que los salarios aumentan un 5% muy por encima de la productividad y de la inflación, minando los márgenes empresariales. Los tipos a 10 años de la deuda pública están al 2,7% y el PIB nominal crece al 5%. Por lo tanto, la política monetaria sigue siendo expansiva a pesar de las subidas de tipos. ​Trump vuelve a demostrar una vez más su ignorancia supina en temas económicos y, lo que más preocupante, que nadie le asesora correctamente en la Casa Blanca o no hace ni caso a ninguno de sus asesores económicos.

El dato de empleo debería relajar los temores de recesión y las bolsas deberían subir tras el desplome del último trimestre de 2018. No obstante, según los datos de PER ajustado está próximo a 30 veces, el segundo nivel más alto de su historia sólo por detrás de 2001 cuando pinchó la burbuja tecnológica. Pero está al mismo nivel que en 1929 y por encima de sobrevaloración de 2007 a pesar de las caídas de los últimos meses. Especialmente preocupante es la sobrevaloración de las empresas tecnológicas de nuevo y de las empresas de mediana capitalización cuyo índice cotiza al doble de los máximos de 2007. Por lo tanto, tras el rebote, las bolsas podrían continuar en tendencia bajista.

En Europa la economía se ha parado en seco y el escenario es más complejo aún. ​Los modelos anticipan que la economía de la Eurozona siguió prácticamente estancada en el último trimestre, igual que en el verano. Alemania, la economía más dependiente del comercio mundial porque es la máquina exportadora de la UE, es difícil pronosticar que crezca mucho ya que el comercio está menos activo pero un crecimiento del 1,5% es casi seguro. Francia, con su presidente en mínimos de popularidad del 20% tiene una economía en crecimiento y a mi modo de entender más robusta que la hacen depender solo de sí misma y de los factores que la influyan como puede ser los cambios en la industria automovilística y los miedos a la ultraderecha.

La bomba de relojería que nos puede explotar en cualquier momento es el caso de Italia. Su gobierno es de opereta y sinceramente, no ofrece a nadie confianza. Y Giuseppe Conte, cedió ante el pulso con la Comisión Europea y bajaron su déficit previsto para 2019 al 2% del PIB. Eso supone que no habrá ajuste estructural como exige el mecanismo preventivo pero tampoco habrá expansión fiscal como pretendía Salvini, un hombre ultra donde los haya. La economía está estancada y el BCE ha empezado el año rescatando un banco italiano. El banco central ya ha finalizado su programa de compras de deuda y la prima de riesgo del país trasalpino aumentó 20 puntos básicos el pasado jueves y el viernes. Italia debe emitir en 2019, 270.000 mill de deuda pública y ya no contará con la ayuda del BCE. Por lo tanto, la volatilidad en su mercados de deuda pública es la nueva normalidad.

En España conocimos el dato de afiliados a la Seguridad Social de diciembre y se creó el doble de empleo que en diciembre de 2018. Eliminando el efecto estacional, se crearon 180.000 empleos en el cuatro trimestre, más que en los dos primeros trimestres de 2018 y el triple que en el tercer trimestre. Eso explica que se anticipe un PIB del 0,8% de crecimiento trimestral del PIB en el primer trimestre de este año, aunque aún no hay datos y es prudente esperar. De nuevo la economía española vuelve a demostrar que es muy agradecida y que con condiciones estables de financiación y tipos de interés bajos tiene elevado potencial de crecimiento, algo que le pasa a nuestros socios europeos. De momento parece que el crecimiento del 2% está asegurado.

El debate debería estar en la calidad del crecimiento, aunque lamentablemente desde el entorno económico de la derecha, mayoritario en España, se sigue contaminando la información y hablando de desaceleración, a pesar de que la economía ha acelerado su crecimiento desde el pasado verano. ​El problema es que es un crecimiento en empleos de poca productividad y eso no permite subir muchos los salarios y mejorar el nivel de vida de los españoles, reduciendo la desigualdad que es de las más altas de la OCDE.

Para mejorarlo es necesario aumentar la calidad empresarial y sus intangibles, principalmente marca, posicionamiento internacional e innovación. Y mejorar la inversión en infraestructuras útiles y reales no como las fantasmadas que se han hecho en comunidades como Valencia o Madrid solo para robar en mordidas en contratos.

En 2018 la inversión en infraestructura sobre PIB en España era similar de la de 1980 en mínimos. Rajoy recortó un 70% la inversión y lamentablemente en 2019 eso no va a mejorar. Los presupuestos ya se han prorrogado y las inversiones ya realizadas en 2018 no se pueden repetir, por lo que la caída de la inversión total será intensa. ​Si se aprueban, la mayor parte del aumento de gasto se concentra en la subida de las pensiones y el salario de los funcionarios que ya habían aprobado PP y Ciudadanos con el PNV y los partidos canarios en los presupuestos de 2018.

Y la inversión en el mejor de los escenarios seguirá en mínimos históricos. Si esto no se revierte, pronto se empezarán a caer puentes como sucede en EEUU y como ha sucedido en Italia recientemente. El ministerio de Fomento ha intentado abrir el debate de pagar un tasa por el uso de las autovías como en Alemania pero es una medida muy impopular y es poco probable que salga adelante. En Renfe el nuevo gobierno tiene previsto aumentar significativamente la inversión pero se tarda al menos tres años en licitar y fabricar los nuevos trenes.

Por otra parte, los mercados bursátiles dan muestras de un agotamiento que no les permite avanzar y así mientras en Nueva York, el Dow Jones está en máximos históricos, en Madrid el IBEX35 sigue muy por debajo de los 16.000 puntos de 2008 en pleno gobierno de Zapatero. Las razones de esta apatía en la renta variable hay que buscarlas en la alternativa inversora en inmuebles que han recuperado tasas de crecimiento previos a la gran crisis.

Aún así, los nubarrones que afectan a la economía mundial no asustan a España que crece por encima del 2%, con unas perspectivas optimistas que esperamos no trunquen los alternativos de ultraderecha que quieren acabar con todo… esperemos.

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