La ultraderecha gobernará en Austria

El Partido Socialdemócrata (SPÖ) queda segundo con una ligera ventaja sobre el FPÖ.

El Partido Popular Austríaco (ÖVP) ha ganado las elecciones, como ya vaticinábamos ayer, en Austria, convirtiendo a su líder, Sebastian Kurz en el jefe de gobierno más joven de Europa -31 años-. El Partido Socialdemócrata (SPÖ) ha conseguido el 26,5% de los votos, superando al partido radical de ultraderecha de Heinz-Christian Strache, FPÖ. Nota a destacar ha sido que la participación fue del 70%, cuatro puntos más que en 2013. Aun falta el recuento del voto por correo –unos 800.000 votos-, que podría suponer modificaciones en las posiciones, salvo para Kurz, incluso para los pequeños partidos que superaron el 4% -el mínimo exigido para tener representación parlamentaria- como el NEOS y la Lista Pilz, escindida de los Verdes, que han acabado fuera del parlamento austríaco.
Ha sido un “resultado histórico”, en palabras del propio Kurz, que consiguió imponerse dentro de su partido. Pero antes de hacer más declaraciones, prefiere esperar al 100% del escrutinio.
Por su parte, y pese al empuje de Kurz, los socialistas ganaron en Burgenland, un importante bastión de los progresistas en Austria. La alianza con el Partido Popular no ha hecho más que beneficiar a la ultraderecha del FPÖ, en detrimento de la socialdemocracia austríaca. Christian Kern, el Canciller saliente, líder del SPÖ ha manifestado que su partido será una firme oposición al populismo y radicalismo de derechas. No en vano, Kurz, que recibirá el encargo de Alexander van der Bellen, Presidente de la República, hizo suyas algunas de las propuestas del FPÖ, sobre todo en temas tan sensibles como la inmigración y seguridad del Estado, orden público y también economía y servicios sociales, por lo que se cree que, aunque ha dicho que hablará con todos, pactará con los radicales puesto que ya ayer se vio clara la preferencia del ÖVP de hacer una coalición de derechas, toda vez que obtendrían una cómoda mayoría absoluta, que, en cambio, no sería suficiente para acabar con la labor realizada por los progresistas en los últimos seis años, para lo que necesitarían dos tercios de los representantes parlamentarios.

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