“LA TUMBA DEL MAR» por María Ángeles Solís del Río

A veces, la trampa está en la misma belleza, la tumba forma parte del mismo sueño. Decimos que los ojos engañan pero el corazón engaña más. Recuerdo cuando oía aconsejar: “no escuches la llamada traicionera mar. Te acoge en su seno, te acuna, te mece… y, luego, las olas sólo devuelven tu cadáver”. Y yo entonces pensaba en marineros que navegaban sin rumbo en busca de sirenas, en filibusteros locos que con un mapa de papel viejo se aventuraban en busca de tesoros hacia islas ignotas con cocoteros de oro. Pero la realidad no era esa… ¡La realidad no es esa!.
Seres humanos a bordo de un buque sin dirección, cuyo itinerario no va marcado por una brújula sino por “quienes gobiernan” y muchas veces “gobiernan sin alma».
Acaso él, en sus delirios, se creía un lobo de mar. E imaginaba a aquellos marineros de los cuentos, que atracaban en puertos, con tabernas llenas de pescadores y mesas de mármol muerto. Imaginaba suelos en blanco y negro, como absurdos tableros de ajedrez, que le esperaban en alguna casita de cualquier playa. Y lo peor, imaginaba su sueño… salir de la pobreza, huir de la guerra.
Coordenadas en un océano que abraza con los brazos de la muerte. Mares de aguas asesinas que miran en la oscuridad de la noche hacia el más allá que no existe. Sueños mojados en sal.
Remar en solitario, la mar oscura le rodea como un presagio de inmensa soledad. ¿Sabéis que cuando miran atrás ven su tierra sollozar?. Él también la vio, como la luz de un faro que no le pudo guiar.
A veces, en las noches sin luna, en algunas playas, dicen que se oyen voces extrañas. No son más que sus versos, escritos con viento de su tierra, con sol de su niñez. Porque llega un momento en que la pequeña barca no aguanta, llega un momento en que sus brazos de cansan de remar… y son ellos, los no rescatados, los sin nombre, que salieron en soledad y se perdieron en la oscuridad.
A veces, la trampa es la misma belleza, la tumba forma parte del mismo sueño… de todas las ilusiones y tantos futuros… que se tragó la mar, víctimas de un sueño sin final.

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