“La soledad en tiempos de pandemia un 31 de diciembre”, por Justo Sotelo.

Justo Sotelo.

Uno de los efectos más negativos de este año que se termina es el de la soledad. Lo peor es la enfermedad y, por supuesto, la muerte, pero a veces pienso en las personas que están en su casa sin salir, que ya vivían realmente solas de por sí, en sus propias casas o en las residencias de ancianos, esos lugares siniestros que nos hemos inventado los seres humanos para retirarnos a morir y no molestar demasiado a los demás, algo que me recuerda el final de una mítica y dura película japonesa, “La balada de Narayama” (1983), dirigida por Shōhei Imamura, donde los viejos se dirigen a lo más alto de la montaña nevada para morir. La vi en los cines Alphaville en su día y aún no se me ha ido de la cabeza.

Hablando de películas, la última que vi en los cines Princesa antes del confinamiento de marzo fue la francesa “Especiales”. Recuerdo que había comido en un tailandés de la plaza de los cubos que está muy bien. La película fue dirigida por Olivier Nakache y Éric Toledano, e interpretada por Vincent Cassell y Reda Cateb, dos estupendos actores. Representan a un judío y a un musulmán, ambos practicantes, Bruno y Malik, empeñados en lograr la integración de dos grandes grupos de desheredados sociales en la ciudad de París, las personas con afecciones mentales graves (más que nada autistas) y los jóvenes inadaptados. Casualmente, anoche la pusieron en un canal de estrenos de TV y volví a verla. Y empecé con mis habituales asociaciones de ideas en las que se empeña mi cerebro cada vez que algo me interesa en particular. Ese domingo 8 de marzo en que vi la película “Especiales” en el cine se celebró la controvertida manifestación de la mujer en Madrid y otras ciudades. Todavía impartí clases presenciales en la Universidad durante un par de días hasta que comencé con las virtuales; en seguida se decretó el estado de alarma. Había empezado, oficialmente, la pandemia en el mundo. Han pasado casi nueve meses desde entonces, y viendo anoche la película volví a preguntarme por las personas que están solas, antes y después de la pandemia, por motivos de enfermedad o de la propia vida. El autismo es uno de los estados de mayor soledad e incomunicación, y también hay otras personas que mueren solas, en sus pisos de las grandes ciudades, sin que nadie las reclame durante varios días o tal vez nunca.

Esta pandemia pasará, estoy seguro, pero continuará la soledad en la que viven muchas personas. Creo en la bondad de los seres humanos, pero más en la de algunos seres humanos.

3 thoughts on ““La soledad en tiempos de pandemia un 31 de diciembre”, por Justo Sotelo.”

  1. Como siempre Maestro un gozo leerte eso que comentas que en Japón los viejos se retiraban al monte a morir solos para no molestar , lo había leído hace mucho , pero fíjate que los indios de Norte América , también lo hacían ,,, quizás sea una forma de ser educación y respeto por los demás, ¿ a quien le gusta en realidad molestar ?…Yo cuando estoy enfermo, o me han operado por algo no quiero a nadie a mi lado… quizás tampoco quiera a nadie cuando me muera …vivo y sano es cuando quiero compañía de los míos…ni quiero molestar ni quiero que por mi nadie sufra…vienes al Mundo so desnudo ….así debemos marcharnos como hemos venido ….la soledad no deja de ser dramática si no te llevas bien contigo mismo, pero si es elegida y comprendida es muy saludable para contigo.

    Un abrazo muy fuerte Justo.🤗

  2. Dices en tu artículo: ´…Y empecé con mis habituales asociaciones de ideas en las que se empeña mi cerebro cada vez que algo me interesa en particular…´ No tienes límites intelectuales, Justo Sotelo, y lo mejor es que lo sabes. Un abrazo y feliz año.

  3. Eres un ser humano diferente, Justo, siempre tan humano, pensando siempre en los que sufren…, ayer en la mujer (acosada por tanto machista totalitario que aún abunda mucho en España) y hoy en los autistas y las personas que mueren solas y abandonadas… a veces por sus propias familias…

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