La salida de Franco del Valle de los Caídos, un paso más en la dignificación de las víctimas

La salida de Franco del Valle de los Caídos, un paso más en la dignificación de las víctimas

Han tenido que pasar casi 44 años para corregir la anomalía de tener enterrado a un dictador en un mausoleo para su homenaje. Han tenido que pasar casi 44 años para que, al menos un poco, se dignifique a las víctimas del franquismo. Pero ya está hecho.

Con sobriedad y respeto, lejos de la pompa y boato de hace casi 44 años, los restos de Franco fueron exhumados de la tumba en la Basílica del Valle de los Caídos y trasladados al cementerio de Mingorrubio bajo la atenta mirada de Francis Franco, el nieto mayor del dictador, y la expectación de millones de personas de todo el mundo.

En Cuelgamuros quedan los restos de casi 34.000 víctimas, ellas sí, de la Guerra Civil y de la represión franquista. Con todo, no se logró toda la discreción que el Gobierno hubiera querido y para lo que se esforzó, por la actitud de la familia Franco que con banderas preconstitucionales gritaban “¡Viva Franco!” cuando el ataúd era introducido en el coche fúnebre.

Técnicamente, se cumplió con milimétrica exactitud lo planeado por el Ejecutivo, con la presencia, en el interior de la carpa habilitada al efecto en la basílica, de José Cristóbal y Merry Martínez-Bordiú, ambos nietos del dictador; Dolores Delgado, ministra de Justicia en funciones y que actuaba como notaria mayor del Reino; Félix Bolaños, secretario general de Presidencia; y Antonio Hidalgo, subsecretario de vicepresidencia. También, los operarios de la funeraria y un forense.

Se permitió a los familiares que en la reinhumación los familiares colocaran sobre el féretro la bandera que quisieran, no así en la salida del Valle de los Caídos. No se permitió la entrada, ni en la exhumación ni en el posterior entierro, de cámaras ni dispositivos de grabación o fotografías, con el único objetivo de mantener lo más posible la privacidad de cada momento.

Aún así, según la Policía, uno de los nietos grabó la ceremonia de inhumación en Mingorrubio, lo que generó cierta tensión cuando los agentes bloquearon la salida, aunque finalmente pudieron salir todos los familiares con el dispositivo móvil en el que la grabaron. No ha trascendido si se obligó a borrar o no la supuesta grabación.

La familia rechazó cambiar el ataúd de madera por uno nuevo, pese a que, según se ha sabido, tenía algunos desperfectos en la madera. Ocho familiares del dictador, entre ellos cuatro nietos, portaron el féretro a hombros hasta el coche fúnebre que esperaba a la salida de la basílica.

La decisión de la exhumación y posterior traslado de los restos, como ha dicho Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones, en una declaración institucional después de todo el proceso, ha sido avalada por los tres poderes del Estado. El legislativo, sin voto en contra alguno en el momento en que se planteó en el Congreso de los Diputados; el ejecutivo, que recibió el mandato y habilitó los mecanismos para ello; y el judicial, con las recientes sentencias.

Con todo y con eso, todos los españoles seguiremos pagando por mantener de algún modo los restos de Franco, ya que el panteón donde ha sido ahora enterrado es de titularidad estatal y la familia ha rechazado la oferta de comprarlo al precio tasado por metro cuadrado. Una última resistencia, y pataleta, de la soberbia franquista.

De hecho, el Gobierno ha tenido que invertir casi 40.000 euros en la restauración parcial de la tumba por encontrarse “en mal estado”. Los gastos de seguridad y mantenimiento, incluida puerta blindada, rejas y sensores de movimiento, correrán a cargo del Estado, o sea, de todos.

“Hoy España cumple consigo misma. Hoy se pone fin a una afrenta moral: el enaltecimiento de la figura de un dictador en un espacio público. Nos costó mucho tiempo deshacernos de un régimen represor. Y casi nos ha llevado el mismo tiempo apartar los restos de su artífice del homenaje público. Era más que un anacronismo y una anomalía: un agravio a la democracia española. Ponerle fin era un deber para las generaciones que no crecimos bajo el trauma de la Guerra Civil y el franquismo. Hoy rendimos un tributo a todas las generaciones pasadas. Y con el pensamiento puesto en las generaciones futuras proclamamos que la enseña de la democracia y la convivencia ondeará siempre en nuestra patria”, es parte de la declaración institucional, en una comparecencia sin preguntas, del presidente en funciones.

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