“La noche negra”, por Mari Ángeles Solís.

Mari Ángeles Solís del Río.

Mari Ángeles Solís del Río · @mangelessolis1.
La sombra se alargaba en gemidos cuando el mar tornaba su paz en violencia por los vientos fríos y dañinos que provenían del norte, esos que hacían pudrir los corales. Sus pies trataban de dejar un mensaje grabado en la arena, un grito de auxilio, un alegato de su dolor. Pero pasaban los siglos y él no regresaba. Y ella seguía esperando un vómito del mar que le devolviese su cadáver.

Demasiado macabra era la escena para pensar que fuese real. Ella apenas era ya una sombra que se alargaba en la playa esperando al muerto de aquella noche negra, aquella noche de espanto de los ahogados, aquella noche maldita del naufragio. Sus manos sabían a sal, su pelo a algas; era una trágica figura en el silencio de la noche.

Entre las olas, a veces, sentía como si alguien la llamaba, una voz salida de las entrañas del mar que susurraba “amor, amor… la brújula se equivocaba… el ancla no encalló… amor, amor… mi alma sangra”. Una voz que tenía los mismos matices que el vino de la taberna, con su suelo de baldosas monótonas, blancas y negras, como tablero de ajedrez.

Fue una noche en que el mar permanecía en calma, el viento era leve y el silencio absoluto. Por la superficie vio cómo unas pequeñas luces brillaban. Fue entonces cuando le volvió a oír. “Amor, amor… mi alma sangra”. Levantó despavorida de la roca donde se había recostado y las olas comenzaron a acariciarle los pies, hasta que esas caricias se convirtieron en cuchillos que se le clavaban y herían. Algo flotaba… un fuerte olor a sangre llegó hasta ella cuando, ya con el agua por la cintura, sus pies tropezaron con el ancla. Y, al sacar su mano después de tocarse sus pies, sintió su propia sangre diluida en agua y sal que se extendía por su brazo.

Pero no tuvo miedo, no… esperaba el momento. Fue entonces. El mar vomitó y el cuerpo de aquel marinero se abalanzó contra ella y la abrazó… sus brazos, muertos, rodeaban su cuerpo… de los ojos secos de aquel cadáver solo se veía amor… y ella lo abrazó, con más fuerza que nunca… y se hundieron juntos, aprisionados por algas que pretendían que ese abrazo fuese eterno. Esa fue la última noche de amor. Fue una noche negra pero fue una noche de amor. Fue una noche de dos muertos abrazados… no cabe más amor.

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