“La inflación récord en EEUU debilita al Gobierno Biden”, por Francisco Villanueva Navas.

Francisco Villanueva Navas.

Francisco Villanueva Navas · @FranciscoVill87. Economista y periodista financiero.
Los Estados Unidos tienen la inflación más alta de los últimos 40 años. Y algo similar sucede en Europa. La mayor responsabilidad recae en la subida de la energía, consecuencia de la invasión de Rusia a Ucrania, pero la locura consumista de la población tras los confinamientos y estados de alarma mundiales, han hecho el resto.

La inflación en EE.UU. alcanzó a 10,3% anual en junio, la más elevada de los últimos 40 años (noviembre de 1981), y más de la mitad del incremento (7,5%) fue provocado por el alza del Índice de la Energía, resultado de un aumento del precio del petróleo de 11,2% en ese periodo.

La inflación subyacente sin energía ni alimentos, experimentó un alza de 5,9% anual, prácticamente igual a la de mayo, pero 0,7% mensual superior a la de los tres meses previos.

Hay que advertir que esta alza ha ocurrido en la totalidad de la estructura económica, incluyendo el sector servicios (más de 70% del PIB), que ha crecido más de 10% en los últimos 2 años. La economía norteamericana mostró una contracción de 1,6% anual en el primer trimestre del año, en tanto que la Reserva Federal de Atlanta que mide el producto bruto en tiempo real indicó que el segundo trimestre tendría una caída de 1,8%; lo que sumergiría a EE.UU. en una fase recesiva en los primeros 6 meses del año.

La Reserva Federal aumentó 0,75 puntos porcentuales la tasa de interés de los Fondos Federales a principios de julio; y advirtió que la elevaría por lo menos otras 7 veces en un porcentaje similar en 2022 y 2023, hasta llevarla a un nivel de 6% anual, que es el mismo que adquirió el auge de la demanda en los últimos dos años. Tras conocerse las cifras del mes pasado, la Reserva Federal optaría por un alza de un punto porcentual en su reunión del 29 de julio. Ese aumento de un punto porcentual en julio la llevaría a un nivel de 3,5%/4% a fines de 2022, lo que provocaría necesariamente una contracción de la actividad.

El objetivo de la Reserva Federal sería quebrar el círculo vicioso de aumento sistemático de las expectativas inflacionarias de largo plazo en que ya está sumergida la economía estadounidense.

Lo que es seguro es que esto implica un aplastamiento de la demanda, reduciéndola del nivel actual de 6% anual a 2% en los próximos 2 años, lo que significaría por necesidad una subida de la desocupación de por lo menos 3 puntos, que pasaría entonces de los actuales 3,6%, la segunda más baja de los últimos 60 años, a 6,5%/7% a fines de 2023.

El fenómeno inflacionario que experimenta EE.UU. ocurre en todo el mundo avanzado, y alcanzó una tasa récord de 8,1% anual en la Zona Euro, que es la más elevada desde la aparición de la moneda única en 2001; y de 9,1% anual en el Reino Unido, la mayor también en cuatro décadas, y en donde el costo de vida aumentó más de 30% en relación al año pasado.

En todos los casos estos niveles excepcionales de inflación son consecuencia del coste récord de la energía que provocó la combinación de la Guerra de Ucrania y las sanciones comerciales impuestas a Rusia por EE.UU., la Unión Europea (UE), y Gran Bretaña.

Lo que ha sucedido con el impacto de la Guerra de Ucrania y de las sanciones impuestas a Rusia después de su invasión del 24 de febrero ha sido una ruptura de los mecanismos de coordinación y cooperación que son intrínsecos y necesarios para el funcionamiento del sistema capitalista del siglo XXI.

En términos estructurales, el capitalismo de la época es un sistema integrado trasnacional de producción, en el que las decisiones fundamentales que lo hacen funcionar se realizan en tiempo real y a escala global, a través de un proceso de integración instantánea que lleva a cabo la revolución de la técnica en su forma de digitalización.

La consecuencia fundamental de esta ruptura es que ha desatado las tres grandes crisis de la época, que son la alimentaria, la energética, y la inflacionaria. Paradójicamente, el país más afectado por esta quiebra de los mecanismos de cooperación y de coordinación del sistema ha sido EE.UU., la primera superpotencia global, y la principal impulsora de las sanciones contra Rusia, al mismo tiempo que encabeza la Guerra Global de largo plazo y de carácter prolongado en que se ha convertido el conflicto ucraniano.

Más de 90% de los norteamericanos estiman en julio que el rumbo del país está equivocado; y más de 60% de los demócratas rechazan la posibilidad de que el presidente Joe Biden lidere la fórmula oficialista en 2024, al mismo tiempo que el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas norteamericanas en este momento de Guerra Global contra Rusia cuenta con sólo 33% de respaldo en la opinión estadounidense, el nivel más bajo desde comienzos de la década de los 30.

Las elecciones de medio término de EE.UU., en las que está en juego el control de ambas Cámaras del Congreso (Senado y Representantes) tendrán lugar como lo establece la constitución el primer martes de noviembre de 2022; y la totalidad de las encuestas indican que se aproxima una derrota abrumadora para los demócratas y el presidente Joe Biden.

La distinción entre lo político y lo económico en el capitalismo es puramente metodológica, y no existe en la realidad de los hechos. Es un fenómeno de pizarrón, un ejercicio usualmente útil de abstracción, pero nada más que eso.

Por eso la regla en EE.UU. y en el mundo es que la realidad siempre se impone.

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