Jordi Cuixart amenaza al Estado con las mismas acciones si aplica el 155

Jordi Cuixart amenaza al Estado con las mismas acciones si aplica el 155

Asegura que “el sentimiento de autogobierno en Cataluña es muy arraigado”.
Durante la séptima sesión del juicio que se sigue en el Tribunal Supremo por el procés, declaró Jordi Cuixart, presidente de Òmnium Cultural, diciendo que la “reacción” de la ciudadanía sería la misma si se vuelve a aplicar el artículo 155 de la Constitución “o apliquen lo que apliquen” porque “el sentimiento de autogobierno en Cataluña, guste o no guste, es muy arraigado”. Cuixart está acusado de los delitos de rebelión, sedición y organización criminal, se piden para el 17 años de cárcel y lleva en prisión preventiva desde el 16 de octubre de 2017.

En su declaración, a las preguntas del fiscal Jaime Moreno, sostuvo que “esa reacción fue como reaccionaría cualquier tipo de sociedad, sin violencia, pero con mucha reacción”. Defendió que “en ningún caso el comportamiento de la gente fue violenta, no hubo violencia”, respecto a los disturbios del 20 de septiembre de 2017 frente a la sede de la Consejería de Economía catalana en la Ciudad Condal, en la que se llevaba a cabo un registro por orden del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona, y durante la jornada del referéndum ilegal del 1 de octubre. “El concepto de violencia no existe, no existía”, mantuvo.

Continuó diciendo que “la convocatoria se montó de manera espontánea” y afirmó que fue “una reacción a la respuesta del Estado”. “Si no entendemos el 20 de septiembre, no vamos a entender nada”, aseguró, para luego afirmar que aquella jornada fue “un punto de inflexión”.

El presidente de Òmnium Cultural sostuvo que “el 1 de octubre es el ejercicio más grande de desobediencia civil que ha habido en Europa” y dijo que “la violencia no forma parte del ADN de la sociedad catalana”, todo ello para tratar de justificar la reacción de los ciudadanos durante la jornada del referéndum ilegal.

Añadió que su asociación no fue “contra el ordenamiento jurídico”, sino que recurrió a los “parámetros de la desobediencia civil”. “Lo que hicimos el 1 de octubre es un ejercicio de desobediencia civil ante una decisión que consideramos injusta”, definiendo la situación como “un instrumento que tienen las sociedades para progresar socialmente”. “La parte bonita de todo esto es que dos millones de personas en un rincón de Europa se organizaron de abajo a arriba para participar en un referéndum”, continuó, e incluso recriminó a Felipe VI por sus declaraciones un día después de la jornada de la consulta ilegal.

Siguiendo su línea de defensa, Cuixart sostuvo ante las preguntas del Moreno la no violencia durante el 1 de octubre. En concreto, el fiscal se refería a los hechos violentos perpetrados en el Colegio Ramón Llull. “¿Lo ocurrido en ese colegio es para usted un acto violento?”, fue una de las preguntas, a la que respondió el presidente de la asociación soberanista: “Por parte de la policía, sí”. “¿Por parte de los manifestantes?”, insistió Moreno, obteniendo como respuesta: “Un ejercicio de los derechos fundamentales en toda regla”. “¿No hubo violencia?”, volvió a preguntar el fiscal. “Por parte de la Policía, mucha”, zanjó Cuixart.

En su declaración, el líder de Òmnium Cultural, admitió que el Tribunal Constitucional había suspendido el referéndum del 1 de octubre, a pesar de lo cual, preguntado por si le pareció ilegal que se celebrara la consulta, sostuvo que “ante el dilema de la suspensión del Tribunal Constitucional o el ejercicio de derechos fundamentales, que nadie tenga ninguna duda: Òmnium siempre va a ejercer los derechos fundamentales”. “Nosotros asumimos el papel que tuvimos el 1 de octubre como agente movilizador, en defensa de los derechos fundamentales”, continuó, añadiendo que “nunca, nunca, nunca” dejarán de “ejercer los derechos fundamentales”.

Citó entonces a Marcelino Camacho diciendo que “si el derecho de huelga se gana haciendo huelga y el derecho de manifestación se gana manifestándonos”, “el derecho a votar en Cataluña se gana votando”, algo que hicieron como un “ejercicio de dignidad colectiva”, dijo. A renglón seguido, insistió en que “la única violencia es la que ejercieron la Policía y la Guardia Civil”, añadiendo que “ellos cumplen órdenes” y que “los responsables de la violencia del 1 de octubre no son los ejecutores, son los mandos operativos”.

Cuixart utilizó en reiteradas ocasiones un lenguaje coloquial ante el tribunal con coletillas como “hostia, tú”, lo que dice suficiente acerca de su talante y falta de respeto a las instituciones, por lo que tuvo que ser amonestado varias veces, y calificó la situación de Cataluña como “un contencioso político” que “no se puede solucionar por la vía de la justicia”.

Respecto a los disturbios del 20 de septiembre declaró que “los funcionarios y la ciudadanía hacían su trabajo”, utilizando, así, argumentos semejantes a los empleados por Jordi Turull, ex consejero de Presidencia, sopesando las órdenes del Constitucional frente a la voluntad de los ciudadanos.

Preguntado acerca de si la actitud de los allí congregados era “alborotada”, el acusado respondió que quería “destacar” que “la actitud de la gente era pacífica y serena, pero con un enfado muy grande con lo que se estaba produciendo y se sigue produciendo”. “No había alboroto, había un escenario con 20 grupos de música” y “no había ningún tipo de crispación, de descontento” pero sí “disconformidad”, enfatizó.

En la misma línea que declaraciones de acusados anteriores, él era el undécimo, dijo sentirse “un preso político, no un político preso” porque él no es político sino activista.

Ya en respuesta a las preguntas de Marina Roig, su abogada, aprovecho para sostener que los mensajes arengando a los manifestantes eran de “resistencia pacífica y no violenta, que no quiere decir pasiva”. “No había rebeldes con armas”, zanjó.

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