La izquierda le gana el primer debate a Ayuso

La izquierda le gana el primer debate a Ayuso

“Pablo, tenemos 12 días para ganar las elecciones”, dijo Ángel Gabilondo a Pablo Iglesias al final del debate que enfrentó a los seis candidatos a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Un único enfrentamiento dialéctico a seis porque Isabel Díaz Ayuso, clara derrotada, ya dijo que solo habría éste con ella. Teme que, como sucedió este miércoles, vuelvan a ser todos contra Ayuso.

Hasta Rocío Monasterio atacó a la presidente saliente. Ni qué decir, Edmundo Bal, el aspirante de Ciudadanos, que trató de hacer valer los logros de sus exconsejeros en el Gobierno regional.

Eso sí, parece que dejó claro que volvería a apoyar un Ejecutivo presidido por la candidata del PP. Insistió hasta la saciedad en cumplir con los 155 puntos del programa que la formación naranja firmó con los populares en 2019.

Mónica García no fue menos y lanzó duras acusaciones durante todo el debate. No la dejó respirar. A tal punto llegó la falta de elegancia de Ayuso al verse acorralada que incluso dudó de las capacidades de la candidata de Más Madrid.

Hasta en tres ocasiones le respondió a la presidente saliente que subiera un poco el nivel político, no sin antes reprocharle la incapacidad de la popular para la autocrítica.

Sin proyecto, con la fijación en compararse con el Estado central y con Pedro Sánchez, Ayuso se quedaba constantemente sin palabras y sin argumentos.

Un detalle. Cuando Iglesias le presentaba los datos de fallecidos en residencias, ella sonreía socarrona. El candidato morado le pidió que no sonriera porque se estaba hablando de muertes.

El rictus de Ayuso se estremeció a tal punto que bajó al barro y trató de atraer al líder de Unidas Podemos a la pelea barriobajera insultándole. “Miserable” y “mezquino” le llamó.

En el debate, Ayuso mostró toda su soberbia

No fue menos soberbia al replicar a Gabilondo cuando el aspirante socialista le planteaba los datos del paro juvenil. Ella, revolviéndose, respondía como una niña pequeña y el “y tú más”.

Ayuso tuvo que dejar a un lado su estrategia de ignorarlo, pero, eso sí, aprovechando los envites para responsabilizar de todo al Gobierno central. Era de esperar.

Mientras que Gabilondo hablaba de un 25% de paro entre los jóvenes, ella respondía con “un 40%” en toda España. Tal fue su bravuconada que, como niña que es, quiso volver a pisar la palabra del socialista repitiéndolo una y otra vez. En cambio, encontró la sabia y sosegada respuesta de Gabilondo: “Pues vale”.

Tuvo, incluso, que volver a recordar a la presidente saliente que él es Gabilondo, no Sánchez, y que el candidato es él, no Sánchez.

Las propuestas del aspirante del PSOE fueron meridianamente claras. También las críticas. El discurso ideológico quedó al margen por su parte en un debate en el que los ciudadanos queríamos oír soluciones.

Ayuso se encargó de no aportar ninguna, entre vaguedades y muestras de su pereza ya legendaria. Acorralada por la derecha y por la izquierda, su alocución final resultaba grotesca, entre chulería y altivez, como hizo durante todo el debate.

Le valió el reproche, en varias ocasiones, de García, también de Iglesias y, con cortesía, de Gabilondo.

Unidad de la izquierda

Y es que la izquierda mostró unidad, por primera vez en la historia de la democracia. No hubo ataques entre los candidatos del bloque de la izquierda. La acción fue común, pese a las diferencias.

Sus aspirantes se mostraron dialogantes entre ellos, con referencias ocasionales a los otros compañeros. Incluso refrendos de lo dicho por los otros.

La única diferencia evidente se dio al hablar de política fiscal. “Ángel, vamos a ver: vamos a gobernar juntos y tenemos que llevarnos bien. ¿Pero es razonable no pedir más esfuerzo a los que tienen un patrimonio de más de un millón de euros?”, dijo Iglesias.

El candidato socialista zanjó con un meridiano “ahora, no”. No obstante, antes había dejado claro que no era el momento, lo cual no descartaba futuras acciones, en línea con lo defendido por Nadia Calviño.

El líder morado recogió el guante sabedor de que no se trataba en ese debate de enzarzarse en una discusión de ese calado. No era el momento y calló. El objetivo era otro: derrotar a Ayuso.

Diálogo por parte de la izquierda

Hasta se mostró dialogante Gabilondo con Bal. Éste trató de nadar entre dos aguas y ayudó en cierto modo a atacar a Monasterio. Renegó de cualquier pacto con Vox.

Sin embargo, se guardó muy mucho de no atacar demasiado a la candidata del PP, por si tiene ocasión de volver a gobernar. Todo su discurso se basó en mostrarse como el verdadero centro y en abominar de la extrema derecha.

La candidata de ultraderecha trató de sacar cabeza y destacar atacando a la izquierda, a Ayuso y a Ciudadanos. Con igual o más soberbia que Ayuso, tuvo la desfachatez de hasta defender posiciones ¡de la izquierda! y hacerlas suyas.

Casi mágico resultó el final cuando el socialista cerró su intervención con lo que hemos abierto: “Pablo, tenemos 12 días para ganar las elecciones”.

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