Habrá Brexit… sí o sí

Habrá Brexit... sí o sí

Ya no hay dudas. El Brexit será un hecho y no hay vuelta atrás. Los ciudadanos británicos dieron su voto mayoritario a Boris Johnson en las elecciones legislativas celebradas el jueves en Reino Unido. El mensaje del primer ministro era claro: ganar para ejecutar la salida sin complicaciones parlamentarias.

La mayoría absoluta con 365 diputados de 650 lograda por el Partido Conservador es una contundente victoria que cierra cualquier otra vía salvo el Brexit. Los británicos dejarán de ser ciudadanos de la Unión Europea el 31 de enero de 2020.

Eso sí, para la UE esa mayoría tory también es un alivio después de tres agotadores años de negociaciones. El ‘enemigo’ a batir en estos comicios no era si Reino Unido se quedaba o no en el bloque comunitario, sino la incertidumbre, la indefinición. Ahora la cosa está clara.

La UE no teme al Brexit. Así lo han querido dejar claro Ursula von der Leyen, la presidente de la Comisión Europea, y su homólogo del Consejo, Charles Michel: Europa “está lista para las próximas etapas”. Ahora solo esperan que haya una rápida ratificación del Acuerdo en el Parlamento británico.

Varias voces en el bloque europeo pedían claridad desde hace tiempo. Francia, entre ellas, animaba a ello, como manifestó Amélie de Mantchalin, secretaria de Estado de Asuntos Europeo francesa, quien reaccionaba a los primeros sondeo diciendo: “No me corresponde a mí estar aliviada o preocupada, pero desde hace tiempo defendemos que hace falta claridad. Estas elecciones deben permitir alinear al pueblo británico, el Gobierno y el Parlamento tras demasiado tiempo descoordinados”.

Mientras que al Tratado de Salida entrará en vigor el 31 de enero del próximo año una vez que haya sido ratificado por Westminster y el Parlamento Europeo, se abre otra incertidumbre que habrá de resolverse no a mucho tardar.

El 31 de diciembre de 2020, apenas dentro de un año, finaliza el periodo de transición para alcanzar otro pacto, casi más crucial que el Acuerdo de divorcio: un tratado comercial que aleje los temores de las fronteras físicas y empresas al borde del colapso.

El retraso en las negociaciones del Brexit y sus posteriores aplazamientos –se prorrogó hasta en tres ocasiones- ha consumido buena parte del tiempo que debía haberse dedicado a ello.

Si se quiere que todo salga bien, Johnson, aun acomodado en sus 365 escaños, probablemente tendrá que pedir una nueva extensión del Artículo 50 del Tratado de Lisboa hasta el 30 de junio para facilitar las negociaciones y evitar “que se repita el precipicio y vuelva el riesgo de un Brexit brutal después del Brexit”, advierten fuentes diplomáticas.

En ello coinciden la mayoría de los expertos. “Puede decirse que la claridad del triunfo conservador es mejor para la UE que una pequeña mayoría, porque Johnson tendrá más libertad para negociar y no será rehén de un pequeño grupo de ultras brexiters. Eso facilitará, en especial, que active la extensión del período de transición hasta finales de 2022”, señala uno de ellos.

Precisamente, los Veintisiete celebraban ayer la segunda jornada de una cumbre de los líderes comunitarios y no solo era tema de conversación la victoria tory, sino que la opinión general quedaba reflejada en las conclusiones finales, respaldando una retirada ordenada y una estrecha relación con Reino Unido en el futuro.

“Lanzaremos un mensaje fuerte”, indicaba Michel. El asunto no es sencillo ya que esas relaciones pasan por fijar con claridad la cooperación judicial, defensa, política exterior y un largo etcétera. Y no será sencillo porque el primer ministro británico cuenta con un historial de desafíos extremos y salidas de tono.

Además, el Brexit tendrá consecuencias inmediatas el 31 de enero de 2020, en especial en las instituciones del bloque comunitario. Reino Unido cuenta con 73 eurodiputados en el Parlamento Europeo y saldrán de él.

De esos escaños, 46 desaparecerán y los demás se repartirán entre los Estados miembro. España pasará a tener 59, cinco más que los actuales 54.

De mayor envergadura son otras cuestiones, como el déficit que Reino Unido dejará en el presupuesto de la UE, puesto que era el segundo contribuyente neto. También, el golpe ‘psicológico’ que sufre el bloque, del que nunca un miembro había querido marcharse. Pero esto último, el tiempo lo cura.

Sentimiento agridulce que pasa del alivio a la decepción por no haber sido capaz de retener a un socio importante. “Para la UE el resultado es positivo porque pone fin a la incertidumbre, pero también negativo porque la salida del Reino Unido es una pérdida”, sintetiza otro experto.

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