Estrategia

Por Mari Ángeles Solís del Río.

Diversas son las formas conceptuales en las que el indivuduo asume el objeto de la política. Mientras que aquellos que se inclinan a la derecha, vislumbran como principal fin perseguido el poder, que, por supuesto, también forma parte de la política; aquellos cuyo motor de su ideología es la izquierda, se suelen inclinar a concebir la política como el modo o instrumento de solucionar los problemas de la ciudadanía.
Así pues, hecha esta distinción, tal vez un poco atrevida, entre ideologías, partiendo de mi base de política de izquierdas, concibo que en el término política existen dos partes fundamentales: la ideología y la estrategia. Teniendo siempre en cuenta la unión que las condiciona puesto que, no funcionan de forma independiente, sino más bien, forma parte de una balanza que el buen político ha de nivelar. Ni todo es ideología, ni todo es estrategia. Es decir, cada situación ha de ser solucionada con la dosis necesaria de cada una de ellas. Y, a su vez, todo es ideología y todo es estrategia, ya que en la resolución de cualquier situación, si queremos ir en la dirección correcta, hay que “echar mano” de ideología y poner en mano una determinada estrategia para alcanzar el resultado deseado, que sería, el bienestar de los ciudadanos.
Dicho esto, para fortalecer nuestra ideología hemos de construir una estrategia política de contenidos, que se convertirá en nuestra principal herramienta. Los contenidos serán los que sirvan de cauce de comunicación con la ciudadanía, los que abran el camino. Eso requiere un trabajo permanente y sistemático que no es fácil ya que, aunque algunos piensen que en la política hay atajos, no es cierto. Hay que marcar un camino diáfano y no dejarse llevar por cantos de sirena.
Hay que tener varios puntos siempre presentes, para crear y hacer llegar una buena estrategia. No olvidemos que en cada situación es posible que se nos abra un inmenso abanico de posibilidades, pero no todas ellas nos pueden llevar a la resolución, siempre ciñiéndonos a nuestra ideología.
El primer pilar en el que nos hemos de fijar es en el conocimiento del colectivo al que, mediante la política, solucionaremos su problema. Descubrir cómo es, investigar sus actitudes ante determinada situación.
Otro aspecto fundamental es dar publicidad sobre nuestra posición, a través de las redes sociales, gran arma comunicativa en estos tiempos.
También imprescincible organizar actos presenciales, ya sean encuentros vecinales, asambleas o conferencias; en las que el ciudadano sienta cercanía con el político.
Y, por último, escuchar sugerencias, opiniones e, incluso, críticas que sirvan para enriquecer el proyecto y que generen contenidos que atraigan y construyan una relación para abrir un nuevo ciclo.
Los conflictos políticos desaparecen porque los eludimos, o los ganamos. Y es ahí cuando entra en juego la negociación. Y toda negociación lleva consigo unos puntos muy claros: alcanzar el triunfo, ganar nuevas posiciones, mantener el statu- quo, minimizar las pérdidas en una derrota y sobrevivir políticamente.
Fundamental siempre será la paciencia en la consecución de objetivos, tener marcada una hoja de ruta clara y concisa, defender nuestros intereses, valorar las pérdidas y ganancias, utilizar siempre la empatía y utilizar adecuadamente la comunicación “no verbal”.
La solución al problema o el acuerdo, vendrán dados en base a la construcción de los contenidos e ideas que se crean a lo largo de ese proceso.

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