“Espai Verd y el sueño de una construcción sostenible, universal y eterna para un planeta en peligro”, por Nico Ferrando.

Nico Ferrando

Las emisiones de CO2 a nivel mundial son muy elevadas y ponen en cuestión nuestra propia supervivencia. Desde amplios sectores mundiales, se llama desde hace tiempo a la concientización sobre esta cuestión, que tiene que materializarse en acciones concretas, como el cierre de la industria más contaminante o la sustitución del carbón por instalaciones modernas que utilicen energías renovables. No obstante, este cambio de mentalidad que pregonan destacados líderes mundiales, aunque lamentablemente no todos, tiene que materializarse en nuestra vida cotidiana. Es verdaderamente apremiante encontrar soluciones habitacionales que sean respetuosas con el medio ambiente. En esa búsqueda, me desplacé a Valencia a conocer de primera mano una construcción urbana pionera que conjuga la posibilidad de vivir en una ciudad sin hacer daño al planeta, el Espai Verd.

J. Nicolás Ferrando en el la fachada del Espai Verd. Foto de Rafael Corcoles.
J. Nicolás Ferrando en el la fachada del Espai Verd. Foto de Rafael Corcoles.

Antonio Cortés, arquitecto e impulsor de Espai Verd en la década del 90’ del siglo XX, señala que para realizar construcciones sostenibles hay que volver a los inicios de su profesión y apostar por la creatividad y la innovación. “Antes, los arquitectos se dedicaban a la construcción de monumentos singulares como catedrales, palacios o pirámides que tardaban más de un siglo en terminarse. Estos arquitectos tenían que afrontar numerosas dificultades ya que la complejidad de las obras era inmensa”. Afirma también Cortés que “con el desarrollo industrial y el auge de las ciudades, este concepto se ha desdibujado y los arquitectos, en su inmensa mayoría, se han preocupado de dar soluciones habitacionales basadas en el espacio matemático, es decir, en el aprovechamiento del espacio descuidando otros conceptos que creo que hoy más que nunca hay que poner en valor porque está en juego nuestro futuro”.

El Espai Verd es un edificio singular que utiliza técnicas arquitectónicas novedosas para conjugar el espacio matemático (el aprovechamiento del espacio), el espacio vivencial (el espacio necesario y digno para que el habitante desarrolle su existencia en armonía con el medio ambiente) y el espacio sagrado (considerado el espacio que debe estar en orden con el planeta y, para los creyentes, con su deidad).

Lo cierto es que Espai Verd es una construcción urbana compleja en la que se cumple el sueño de vivir dentro de una ciudad en la que no haya emisiones contaminantes. Para cumplir estos difíciles y deseables parámetros, hay que fijarse en los siguientes conceptos:

Estructura: Realizada íntegramente con materiales verdes.

Belleza escultórica: Reflejada en los voladizos de su exterior y en la montaña de su interior. El primer aspecto permite un gran aprovechamiento del espacio para la creación de jardines y que el edificio tenga una ubicación óptima que, según Cortes, es orientación suroeste para una total eficiencia energética y una ventilación cruzada, por lo que no hace falta calefacción ni aire acondicionado. La montaña en el interior permite la constitución de una fuente muy agradable que hace que el edificio sea autosuficiente en el agua, un recurso natural escaso. El agua sirve para el riego y está pensada, incluso, para la instauración de huertos urbanos.

Voladizos en su estructura. Foto de Rafael Corcoles.
Voladizos en su estructura. Foto de Rafael Corcoles.

Telecomunicaciones: Son de última generación puesto que la tecnología es un factor esencial. Cortés relata que en los 90’ pidió para el Espai Verd una banda ancha y no le fue sencillo puesto que era un elemento para grandes núcleos urbanos. Le llamaron unos años después la Secretaria de Estado de Telecomunicaciones por su temprano acierto para interesarse en sus invenciones.

Funcionalidad: Cada vivienda tiene doble entrada porque está pensada para conciliar la vida familiar y laboral. La montaña interior permite también la construcción de una senda verde de un kilómetro, por lo que se puede hacer deporte sin salir del Espai Verd. En mi visita, puedo charlar con una señora de 89 años que está paseando por esta senda verde que además me dice que el aprovechamiento del espacio, realizado por Cortés, ha hecho posible la instalación de otras instalaciones deportivas y de ocio. Espai Verd también está pensado para las personas con movilidad reducida y hay numerosas señalizaciones en ese sentido.

Fuente de la montaña interior. Foto de Rafael Corcoles.
Fuente de la montaña interior. Foto de Rafael Corcoles.
J. Nicolás Ferrando y Antonio Cortés recorriendo una senda verde del Espai Verd. Foto de Rafael Corcoles.
J. Nicolás Ferrando y Antonio Cortés recorriendo una senda verde del Espai Verd. Foto de Rafael Corcoles.

Espacio sagrado: Existe un oratorio internacional donde se dan cita 30 religiones distintas y coexisten con una gran cordialidad.

Para realizar todas estas instalaciones hubo que elaborar, en su momento, un PERI (Plan Especial de Reforma Interior) y se procedió a ceder terreno al Ayuntamiento de Valencia para asegurar las zonas ajardinadas aledañas. Hasta la caseta de obra se reconvirtió en un espacio cultural.

¿Se puede generalizar este tipo de construcciones en las grandes ciudades, donde se producen las mayores emisiones de CO2 en la actualidad? La respuesta es afirmativa y en ello trabaja Cortés, que lidera los programas “Hombre Total” y “Techo para Todos”, que son una muestra plausible de la necesidad que tenemos de reconvertir nuestros edificios contaminantes en instalaciones eficientes y que puedan ser una realidad para todos los seres humanos, sin importar su poder adquisitivo o su condición social. “La financiación, poco a poco, está llegando” puntualiza.

El arquitecto italiano Stefano Boeri diseña una ciudad forestal en China, el país que más contamina, concretamente en Liuzhou. Es un proyecto piloto, basado en las ideas de Antonio Cortés. El plan urbanístico, aprobado en 2017, prevé la construcción de un complejo urbano de 175 hectáreas a lo largo del río Liujiang. Esta ciudad absorberá 10.000 toneladas de CO2 y 57 toneladas de partículas contaminantes al año, y producirá unas 900 toneladas de oxígeno. “Crear bosques en las ciudades nos permite combatir las emisiones de CO2 en su mismo origen” explicó Bori a Lifegate.

Maqueta de la ciudad forestal de Liuzhou. Foto de Estudio Boeri.
Maqueta de la ciudad forestal de Liuzhou. Foto de Estudio Boeri.

Curar el planeta empieza por nosotros mismos y consiste en modificar nuestro estilo de vida, sin que ello suponga abandonar las ciudades. Las imaginativas soluciones planteadas por Antonio Cortés y Stefano Bori son de vital importancia si queremos revertir los alarmantes indicadores que vaticinan un calentamiento global con impredecibles consecuencias. Tenemos que empezar, sin demora, a poner en práctica ideas concretas y no sólo acordarnos de la situación de nuestro planeta en rimbombantes cumbres internacionales que también son necesarias.

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