Editorial «Escrache al Parlament»

La intolerable presión que ejerce una parte de la minoría de catalanes independentistas sobre una numerosa mayoría de catalanes no independentistas, excede la frontera del respeto y el campo de lo mínimamente democrático.
Las dos Españas -la que se niega a sí misma y la que se reafirma en los símbolos-, vuelven a apalearse como el cuadro de Goya revestidas de secular empecinamiento en mostrarnos contrarios a nuestra propia identidad histórica.
Porque intolerable es que la Asamblea Nacional Catalana convoque una manifestación que circunda al Parlament para invocar la independencia, como todos los mitos, y para coaccionar a los diputados electos, a unos y a otros. Redunda en un atentado siniestro contra los más elementales principios de la democracia.
Tendrá que dar buena cuenta el inefable Jordi Sánchez, presidente de ANC, de fomentar tal opresión y responsabilizarse si sucede cualquier imprevisto en forma de violencia. No hay cosa peor que un tonto incendiando a un pueblo.
Amparado por Òmnium Cultural de Jordi Cuixart, ambos se reparten los papeles de malos de una película en la que apenas hay buenos. Salvo los ciudadanos que asisten perplejos a un espectáculo que nace de dentro de las peores pesadillas.
Todo preparado para que Puigdemont declare la independencia, arropado desde la calle por aquellos que parecen camisas pardas o negras, en directo o en diferido, un esperpento que merecerá recordarse para no repetirse.
Y a Rajoy no se le ocurre otra cosa que invocar el Código Penal como envalentonamiento de aquel que siempre llega tarde. Nos quiere decir el presidente saliente que podrá arrojar a Puigdemont a los leones, pero que lejos de solucionar el problema lo podrá agravar calado de la tibieza que caracteriza al Presidente del Gobierno.
Tibieza casi superada por Iglesias y Colau, cada uno desde su competencia, verdaderos equilibristas en busca de un lugar en el tablero que les coloque en primera línea de salida para las próximas elecciones generales y autonómicas respectivamente.
La solución política es el PSOE. No por amor de partido, siempre guiado por las pasiones, sino porque desde los socialistas ha de invocarse una salida que desate este espantoso nudo que nos retrotrae al cuadro del pintor de Fuendetodos.
Con todo y con ello, esta tarde, a las seis, Jordi Sánchez y la Asamblea Nacional Catalana protagonizarán un escrache al Parlament legítimamente elegido y votado por la ciudadanía.

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