“El valor sentimental”, por Francisco Estepa Vílchez.

Francisco Estepa Vílchez.

Cuando algo no tiene mayor valor para los demás, pero si tiene algún valor para nosotros, hablamos del valor sentimental de una cosa. La medalla que llevó nuestra madre que nos ha dejado este año, un bolígrafo que nos regaló alguien especial, un libro sobre la historia de nuestras raíces,  la mascota o la planta de una persona de nuestra familia o un amigo que ha fallecido y necesita que alguien los siga cuidando…, son muchas las pequeñas cosas que nos hacen sentir un valor especial, por encima del económico.

Hay otras cosas que tienen valor sentimental y que así mismo, ese valor es compartido por muchas personas, como por ejemplo el apoyo a la Monarquía de su país, algo que pasa de generación en generación, entrando a formar parte de la cultura y que muchas personas asumen como algo propio y que deben defender, aunque si se analiza el origen de las monarquías y la función que tienen, habría mucho que poner en tela de juicio y no me refiero a las funciones que algunas monarquías desempeñan, como en la española, la Jefatura del Estado, puesto que nadie se pregunta qué función cumple un Jefe de Estado, sino porqué al Jefe del Estado no lo puede elegir la ciudadanía y debe ser una persona que ha heredado el cargo de Rey de manos de su padre, aunque para algunos el valor sentimental de tener un Rey es tan importante, que no se plantean ninguna otra cuestión al respecto.

Pero el valor sentimental, también lo podemos encontrar en el posicionamiento político, aunque a veces no encaje con las convicciones o intereses personales. Por ejemplo, alguien con un pasado en su familia marcado por algún acontecimiento en la guerra civil española, podría sentirse más cercano a una formación política ligada a ese pasado familiar, aunque dicha formación política vaya en contra de sus propios intereses de igualdad de derechos, oportunidades o de trato. Ser seguidor de un partido de extrema derecha o extrema izquierda, para una persona a la que los principios de ese partido le perjudiquen, parece que no tiene mucho sentido común, ya que tanto el fascismo, como el comunismo, no benefician a la mayoría, ni aportan progreso y cohesión social.

Otra cuestión es que algunos intentan vestir su posicionamiento personal, sobre una supuesta ideología o el valor sentimental de algo, cuando lo que realmente hay detrás es un interés puramente económico, sin importarles el interés general o el bienestar de la mayoría, aunque ahí hay mucho sobre lo que debatir, pero eso lo dejaremos para el próximo año. Feliz año nuevo para todos y todas.

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