“El siglo XXI es el siglo de las mujeres”, por J. Nicolás Ferrando.

Nico Ferrando

Ha llegado la hora de que en España el futuro lo lideren las mujeres, que tienen una capacidad de negociación mayor y una sensibilidad especial. Más pronto que tarde habrá una presidenta del gobierno en nuestro país.

Asistimos en la actualidad a la generación más igualitaria de la historia de la humanidad. No obstante, la igualdad entre varones y mujeres está lejos de ser una realidad, incluso en sociedades occidentales desarrolladas como la nuestra. Los datos de las estadísticas oficiales están ahí y no dejan lugar a dudas: cada año más de cincuenta mujeres son asesinadas, víctimas de la violencia machista, aunque ahora haya determinados grupos políticos que nieguen esta realidad.

La diferencia salarial entre sexos por desarrollar un mismo trabajo es todavía importante y esto se ve reflejado también en la cantidad de puestos de dirección que ocupan las mujeres en las empresas, sobre todo las más grandes. Según los últimos datos publicados por los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), en marzo de 2019, se estima que la brecha salarial fue de 4.849 euros, un 29,3 % de media. En Ceuta y Asturias, esa breca llega a un 37,8% y un 37,6%, respectivamente.

Es evidente que no existe igualdad de oportunidades en numerosas materias que son objeto de estudio estadístico y que todavía el embarazo es un factor negativo para el ascenso de la mujer en su realización profesional. El peso de la conciliación familiar sigue recayendo a las espaldas de las mujeres que, además, tienen que apechugar con un mercado laboral hostil que ve la maternidad como un problema. El 28% de las mujeres con hijos trabajan a tiempo parcial mientras que solo un 6% de los padres tienen este tipo de contrato. El número de madres en jornada parcial es más de cuatro veces mayor a la de los varones.

Tal es la discriminación que se ejerce sobre la mujer que ello se ve reflejado en los criterios de nuestra lengua, que es muy rica en su terminología. El varón se ha apropiado de término hombre, que engloba a los dos géneros, y eso se utiliza de manera normal, cuando creo que es un agravio para la mujer. Cierto es que en la Real Academia de la Lengua (RAE) existe una aplastante mayoría masculina que propicia esta anómala situación.

En España, asistimos a tiempos de repeticiones electorales y de bloqueos que, ciertamente, nos avergüenzan y no nos hace avanzar como sociedad, puesto que un gobierno en funciones no puede resolver cuestiones esenciales que nos afectan a todos y que, en algunos casos, son verdaderamente alarmantes. Cabe entonces, hacerse una pregunta que hoy pertenece al ámbito de la ciencia ficción pero que me parece importante a nivel sociológico: ¿Tendríamos ese escenario político tan poco proclive al pacto y al acuerdo si las formaciones políticas estuviesen lideradas por mujeres? Mi respuesta es que no, porque la mujer tiene una capacidad innata para resolver conflictos.

Soy de la idea de que no hubiésemos llegado hasta ese escenario tan complejo si quiénes hubiesen tenido que ejercer la negociación fuesen de sexo femenino. En primer lugar, ellas tienen una propensión especial hacia el acuerdo. Están acostumbradas desde que nacen a padecer una discriminación silenciosa que las hace tener que negociar, desde un principio, en inferioridad de condiciones. Cierto es que la mujer ha librado y sigue librando una batalla en toda regla para poder hacer cosas elementales, como trabajar, estudiar en la universidad y conciliar horarios.

En segundo lugar, y no menos importante, es que en la mujer hay ausencia de testosterona. La RAE define este término como la hormona sexual masculina segregada especialmente en el testículo. Una acepción más amplia de su significado lo circunscribe a todo lo que tiene que ver con la masculinidad. Al exponer claramente la ausencia de testosterona me refiero a que ellas saben que habrá que resignar algún punto para alcanzar la concordia y eso no supone un menoscabo al honor. A las negociaciones que hemos asistido, concretamente, en 2019, lideradas por varones, hubo un gran componente de testosterona: nadie se quiso mover de su posición inicial y, en lo personal, en algunos momentos, me pareció un obsceno juego por ver quién ganaba su particular batalla ideológica, olvidando por completo el interés general de la nación. Con esos parámetros, no es de extrañar que hayamos ido tantas veces a las urnas de manera innecesaria.

En tercer lugar, creo que la maternidad hace que las mujeres tengan una visión de futuro superior a la del varón. Ellas viven en primera persona un parto de nueve meses, con sus dolores y sus pormenores. El varón usualmente acompaña pero no sufre ninguna alteración en su cuerpo ni secuela alguna. Este extremo me hace pensar que la mujer tiene mayor capacidad para pensar en políticas a largo plazo y no enroscarse en lo inmediato. Me atrevo a decir que, con mujeres en el gobierno y en las fuerzas de la oposición, se hubiese alcanzado hace mucho un pacto educativo, una asignatura pendiente y acuciante en este país que encadena varias leyes que no tienen, en modo alguno, sentido de Estado.

En cuarto y último lugar, considero que a la mujer le importa menos perder que al varón. Ellas parten de una situación de inferioridad social y tienen que demostrar su capacidad en numerosas ocasiones, algo que no se le pide al varón. ¿Cuántas veces hemos oído la frase o el comentario de por qué una mujer habrá llegado a la posición en la que está? ¿Qué habrá hecho? Esta continua justificación, que en algunos casos es muy evidente y llega a tener un gran contenido machista, me reafirma en la idea de que a la mujer le importa menos perder que al varón y eso en una negociación es clave.

Portada de Mujeres Celebres en Madrid.
Portada de Mujeres Celebres en Madrid, próximo a publicarse.

Con motivo de una investigación que realicé este año y que será publicada a lo largo del 2020, titulada Mujeres Celebres de Madrid, he podido comprobar cómo esta capacidad innata de resolución de conflictos se refleja en nuestra historia, teniendo en cuenta, además, que la historia está escrita, salvo honrosas excepciones, por varones. Voy a realizar un exhaustivo recorrido histórico que demuestra lo que escribo en estas líneas.

Miniatura medieval de la reina Urraca de León. Anónimo.
Miniatura medieval de la reina Urraca de León. Anónimo.

En la época medieval, Urraca I de León (1081-1126) es un ejemplo plausible de buen gobierno en el complicado entramado de reinos cristianos que estaban emprendiendo la reconquista del enemigo musulmán. Su papel fue fundamental en un mundo dominado por varones. Tal es así que según las crónicas antiguas, relatadas por Jerónimo Zurita, quien gozaba de la privanza de la reina, se puede leer lo siguiente: “nunca perdonó a su mismo honor ni hizo diferencia de los maridos a los adúlteros, pensó en casar con ella, y poníase muy delante en los negocios de todo el reino, presumiendo de mandar y vedar como absoluto señor. Pero ella no se sabía sujetar ni a su afición ni a la ajena”. (El texto es literal y se expresa en castellano antiguo).

Santa María de la Cabeza, de quién se desconoce su fecha exacta de nacimiento pero se sabe que murió en 1175, ejerció un papel primordial en la resolución de conflictos, acompañando a su marido, San Isidro. El perfil histórico de Santa María de la Cabeza sería el de una esposa trabajadora y madre de familia, buena, humilde, sencilla y muy espiritual, y en todo caso podría responder al de una mujer, que sin haber tomado votos religiosos, vivía castamente, dedicada voluntariamente al trabajo, la oración y la práctica de la caridad, siguiendo las tendencias religiosas de la época, practicadas por muchos hombres y mujeres seglares que pretendía recuperar las raíces evangélicas de las primeras comunidades cristianas.

Retrato de Isabel La Católica, conservado en el Museo del Prado.
Retrato de Isabel La Católica, conservado en el Museo del Prado.

Ya en la época moderna, hay un nombre que sobresale con luz propia y es el de Isabel La Católica (1451-1504). Nunca antes una mujer detentó tanto poder en España pero tuvo que ganarse esa posición con decisiones que demostraron una extraordinaria vocación política. Exigió a Enrique IV ser la sucesora de Castilla en el Tratado de Guisando; casó con Fernando de Aragón, propiciando la unidad peninsular; concluyó la Reconquista, con la conquista de Granada el 2 de enero de 1492, terminando un proceso que había durado más setecientos años y financió el descubrimiento de América, realizado por Cristóbal Colón.

Pedro Mártir de Anglería escribió sobre ella lo siguiente: “Esta mujer es fuerte, más que el hombre más fuerte, constante como ninguna otra alma humana, maravilloso ejemplar de pureza y honestidad. Nunca produjo la naturaleza una mujer semejante a esta”. Fernández de Oviedo también expresó lo siguiente: “Verla hablar era cosa divina, el valor de sus palabras era con tanto y tan alto peso y medida, que ni decía menos, ni más, de lo que hacía al caso de los negocios y a la calidad de la materia de que trataba”.

En el siglo XVI, Isabel de Portugal (1503-1539) ejerció un papel fundamental en el reinado de Carlos V, cerrando para siempre las heridas ocasionadas por la revuelta comunera. Ella fue, como señalan muchos historiadores, el alma castellana del emperador, que tuvo que ausentarse de España en varias ocasiones. Su templanza en los asuntos de gobierno durante las regencias fue crucial para evitar nuevos levantamientos. Tal es la influencia que tuvo sobre Carlos V, que cuando murió de parto en 1539, no quiso volver a casarse nunca más. Se cuenta, además, que en su encierro voluntario en Yuste, pasaba largas horas frente al retrato que pintó Tiziano de la emperatriz.

La Paz de las Damas, de Francisco Jover y Casanova. Museo del Prado.
La Paz de las Damas, de Francisco Jover y Casanova. Museo del Prado.

En ese mismo periodo histórico se firmó La Paz de Cambrai, conocida como La Paz de las Damas. Las protagonistas de este importante tratado fueron Luisa de Saboya, en nombre de su hijo Francisco I de Francia, y Margarita de Austria, en nombre de su sobrino el emperador Carlos V, por eso se le conoce con esa nomenclatura. Con ella se pretendía poner fin a la Guerra de la Liga de Cognac. El emperador renunciaba a sus derechos sobre el ducado de Borgoña y la Baja Navarra, mientras Francisco I hacía lo propio sobre las regiones de Flandes y Artois, abandonando además sus pretensiones sobre Italia. Puedo afirmar, y no creo equivocarme, que ni Carlos V ni Francisco I hubieran llegado a este acuerdo que generó un tiempo de prosperidad para ambos reinos. Este acuerdo, por excelencia, tiene nombre de mujer. Y lo afirmo sin ningún tipo de aspavientos: para Carlos V hubiera sido impensable resignar Borgoña, su patria de nacimiento, y para Francisco I era muy doloroso renunciar a toda posición en Italia. De hecho, hay reputadas crónicas de que ambos se quejaron de lo acordado en Cambrai, que, finalmente, se respetó.

En el siglo XVII, Margarita de Austria (1584-1611), esposa de Felipe III, se atrevió a enfrentar al todopoderoso duque de Lerma, el condestable que manejaba todos los resortes del poder en España y que trasladó la capital de España a Valladolid. Y se enfrentó para asegurar la paz con Inglaterra. De hecho le preguntó a rey: “¿Qué reino quieres para tu hijo, un reino con guerras o un reino de paz?”. Su marido, desoyendo a Lerma, firmó una paz duradera con los ingleses.

En el siglo XVIII, Isabel de Farnesio (1692-1766) tuvo un papel trascendental en las política española. Su hijo, Carlos III, que embelleció Madrid, tuvo en cuenta sus enseñanzas. Me atrevo a decir que Madrid no sería lo que es hoy si no hubiese concurrido su personalidad, que fue muy fuerte y determinante. En mi libro Aranjuez, Patrimonio de la Humanidad (2018) hago un recorrido por su biografía ya que ese municipio dedica en su memoria un gran centro cultural.

Retrato de Concepción Arenal.
Retrato de Concepción Arenal.

Ya en el siglo XIX, encontramos a Concepción Arenal (1820-1893), una escritora que comenzó a dibujar el papel que la mujer tiene en estos tiempos actuales. Tuvo un alto sentido de la libertad personal e individual, un deseo absolutamente conmovedor y revolucionario de ayudar a que la sociedad a la que perteneció fuera más justa, más generosa, más equitativa que el mundo que le había precedido. Concepción Arenal dedicó su pluma a la reivindicación de las situaciones marginadas; escribió para que la leyeran, para que la entendieran, para que sus lectores participaran en sus ideales. Uno de los aspectos más progresistas de Concepción Arenal es su consideración de la mujer como ser humano marginado a quien hay que ayudar, estimular y respetar, no en rendiciones galantes, ni en modales encantadores y protectores, sino educándola en la dignidad de su propia condición. Como escritora, Concepción Arenal eligió el género y los medios más accesibles a los lectores: el género epistolar y el folletín. Las obras que presentan esta vocación de Concepción Arenal son: La mujer del porvenir, La educación de la mujer, El estado actual de la mujer en España, El trabajo de las mujeres, La mujer de su casa, y El servicio doméstico.

Los principios de Concepción Arenal fueron aplicados parcialmente, con posterioridad, por Victoria Kent (1898-1987), desde la Dirección General de Prisiones, que humanizó las cárceles, y por la primera ministra de España, Federica Montseny (1905-1994). Ambas imprimieron otra forma de hacer política que creo que debe ponerse en consideración, más aún cuando sus administraciones no gozaron, ni por asomo, de una estabilidad política prolongada en el tiempo.

Otra escritora del siglo XIX que merece un inciso es Rosario de Acuña y Villanueva (1850-1923) puesto fue una de las figuras más críticas contra el Concordato, firmado entre España y el Estado del Vaticano, en donde la Iglesia adquiría un gran poder. Dramaturga, masona, feminista, montañera, poeta, regeneracionista, librepensadora, avicultora, articulista, exiliada, iberista, puritana, filo-socialista, autodidacta, deísta, republicana, melómana… En suma, un portento de mujer que a nadie dejaba indiferente.

Carmen de Burgos y Seguí (1867-1932), más conocida como Colombine, contribuyó de manera decisiva a poner en el centro del debate importantes temas sociales como el matrimonio civil, el divorcio o el voto de las mujeres, que haría realidad el gobierno de la II República. Lo hizo desde diversas tribunas y con sólidos argumentos en el que demostró su capacidad de llegar a consensos.

Retrato de Carmen de Burgos e 1913.
Retrato de Carmen de Burgos e 1913.

 

Fotografía de Clara Campoamor.
Fotografía de Clara Campoamor.

En el siglo XX, hay otra mujer que sobresale con luz propia: Clara Campoamor (1888-1972), artífice de la aprobación del voto femenino en España. Tuvo que negociar con amplios sectores para propiciar este fundamental derecho e, incluso fue acusada, tiempo después, de la derrota de la izquierda en las siguientes elecciones, por lo que redactó una obra cumbre: Mi pecado mortal, el voto femenino y yo. En un extracto de su discurso en el Congreso de los Diputados señaló lo siguiente: “Desconocer el voto de la mujer es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer”. Su lugar en los libros de historia está más que justificado.

En 1947, visitó Madrid otro emblema de los derechos de la mujer: Eva Perón (1919-1952), que consiguió el voto para las mujeres en Argentina. Sobre ella, publiqué un libro monográfico que se tituló Eva Perón en Madrid (2017). Creo que es admirable como una mujer tan joven pudo conseguir todo esto y además imprimió una nueva forma de hacer política en el país austral: el peronismo, que aún hoy concita grandes apoyos.

Monumento a la duquesa de Alba en Sevilla.
Monumento a la duquesa de Alba en Sevilla.

Más recientemente, La duquesa de Alba, María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y Silva (1926-2014), desde la aristocracia, luchó porque el papel de la mujer sea reconocido y que esté, al menos, en igualdad con el del hombre. Considero que hay que poner en valor su personalidad porque ha hecho que muchas mujeres tomen como enseñanza su marcado ejemplo de superación.

Me quedan en el tintero muchas mujeres que han demostrado una capacidad especial para negociar y para resolver conflictos, pero para ello publicaré en muy poco tiempo un libro, que espero sea de vuestro agrado. No quiero dejar de mencionar, sin embargo, a Rosalía de Castro (1837-1885) que fue una mujer innovadora y comprometida, adelantada a su tiempo, que empleó el gallego en la literatura cuando aún nadie lo hacía. En sus obras reflejó la situación de esa Galicia más dolorida y maltratada, desangrada por la emigración. Denunció la pobreza del campesinado gallego o la precaria situación laboral que sufrían algunos de sus habitantes fuera de la comunidad. A efectos históricos, su obra se convirtió en el primer canto de referencia para una Galicia que se transforma. Su obra supuso la recuperación de la conciencia galleguista.

Hace pocos años, presencié en primera persona el liderazgo de María Teresa Fernández de la Vega, que en el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero fue un valor esencial para acometer políticas encaminadas a la igualdad real de la mujer y de otros colectivos, como el LGTBI. Fue una de las impulsoras de la Ley Integral de Violencia de Género, que ha evitado muchas muertes, aunque algunos quieran denigrarla. Asimismo, tuvo un papel determinante en muchos aspectos del gobierno, tanto que fue portavoz del mismo. Pasará a la historia como la primera mujer que presidió un Consejo de Ministros.

En el gobierno de Mariano Rajoy, también hubo dos mujeres trascendentales: Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Más allá de las diferencias ideológicas que puedo tener, creo que marcaron una época y que la mujer está llamada a ocupar altas responsabilidades en España. También, cabe hacer la reflexión de qué cuando dos mujeres compiten entre sí, casi siempre el beneficio lo recoge un varón. Esto es lo que pasó, a mi juicio, recientemente en el Partido Popular (PP), donde ganó Pablo Casado, que se mantuvo al frente de la formación conservadora pese a obtener los peores resultados de toda su historia.

Sabemos ya que nuestro próximo Jefe de Estado será mujer y se llamará Leonor de Borbón. Ha pasado con nota su presentación en sociedad y creo firmemente que lo hará bien, pese a mi ideología republicana que no voy a esconder. Me preocupa, no obstante, que ningún partido político en la actualidad esté liderado por una mujer. Creo que es una situación que se resolverá más pronto que tarde.

Ha llegado la hora de que tengamos una presidenta del gobierno. Auguro prosperidad para esta fórmula. En los países de nuestro entorno, hay ejemplos incontestables de buena gestión hecho por mujeres que va más allá de la ideología que uno puede tener. Este siglo XXI es el siglo de las mujeres y los varones tenemos que ser los primeros en  propiciar esta realidad.

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