El regreso de Elvis

Mari Ángeles Solís del Río.

Por Mari Ángeles Solís del Río • @mangelessolis1.
Dicen que, de vez en cuando, es conveniente mirar atrás y aprender de nuestros errores, volver la vista al camino por donde transcurrieron nuestros pasos silenciosos huyendo del dolor o agarrándose a los recodos de felicidad. Así como una calle empedrada, de noche, iluminada apenas con unos cuantos faroles a medio gas, es la imagen que nos recrea el recuerdo, aposentado en los triunfos que no nos creímos entonces y que ahora suponen el impulso para subir un escalón más.

Eso es lo que ocurrió, como una imagen ilusoria, como un paisaje bucólico, como un retrato en sepia… deberíamos ser capaces de aglutinar instantes para que, el día de mañana, los podamos soltar por si alguien que nos escucha se conmueve. Y a mí me ocurrió…
Fue en esta semana. El retrato en sepia, la calle empedrada con faroles casi moribundos. Cosas que viví cuando el despertar de la política anclaba a la sociedad con las ideas progresistas y la multitud… se levantó. Lo vi desde niña y, cuando empecé a ser consciente, decidí unirme a la lucha. Creo que mi momento de mayor felicidad en política fue hace más de veinte años, me sentí importante, sentí que podía cambiar la sociedad, que podía poner mis manos para hacer un futuro mejor… y fue en aquel momento, fue aquella madrugada que volvía a mí casa tras un inicio de campaña y había estado pegando, tal vez, mi primer cartel electoral. Simplemente eso, únicamente pegar un cartel y me hizo sentir ese “algo» que siempre me dijeron que era la política cuando se mete por las venas.
Y cuento, que ha sido en esta semana que he tenido ese revelación, ese rayo de luz que me ha impulsado a no dejar el camino. Vi la calle empedrada mientras escuchaba, en una magnífica conferencia, a Eduardo Sotillos. Me hizo recordar, me hizo volver atrás en el tiempo y eso, a veces, es bueno.
Tengo que confesar que tengo una extraña debilidad por los políticos de los años 80, quizá porque de ellos aprendí. Aquellos años en los que un grupo de hombres y mujeres socialistas dieron los pasos necesarios para cambiar el rumbo del país. Los mismos que se levantaron en las universidades españolas. Esos que hoy parecen estar fuera, pero que a veces mueven el pie para recordarnos que siguen medio dentro, para enseñar, para ser escuchados porque en sus palabras existe más verdad que en muchos libros, porque aprender de ellos ha supuesto tener unos cimientos firmes en las ideas, ellos y ellas, que creyeron tan de verdad y dieron tantas veces la cara por el futuro. ¡¡Cuánto por aprender!!.
Independientemente de la sabiduría que está semana percibí en las palabras de un gran socialista, me queda ese recodo en el que llevo horas perdida recordando que cuando empecé a creer, empecé a luchar, y fue cuando empecé a crecer y a soñar. Simplemente eso, una calle casi a oscuras y una niña pegando un cartel del Psoe a hombros de un político de los años ochenta que se dejó la piel. Yo también tuve la suerte de vivir aquella época con las enseñanzas de aquellos que cuando empecé a creer en el socialismo estuvieron a mi lado, subiéndome a hombros para pegar un cartel o simplemente para contar aquellas anécdotas que tanto, tanto me han enseñado.
Por ello, en este espacio que se me brinda, quiero alzar la voz y reconocer la labor de aquellos socialistas de los años ochenta, aquellos que tanto construyeron. EL futuro está en la juventud, pero que nunca se olvide que hay que llevar en el equipaje un espacio para la sabiduría y las vivencias de tantas personas, allá en los años ochenta, dieron un paso al frente y empezaron a sembrar… regresó Elvis, porque los viejos rockeros nunca mueren, porque eso son para mí, luchadores y pozos de sabiduría.
Quién me lo iba a decir, una conferencia, Eduardo Sotillos, una calle con faroles moribundos, el pasado que se adueña de todo y, ante mis ojos, esa imagen, entre brumas, del primer cartel que pegué.

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