El Parlamento británico rechaza el Brexit propuesto por Theresa May

El Parlamento británico rechaza el Brexit propuesto por Theresa May

Jeremy Corbyn presenta una moción de censura.
Era una derrota anunciada y Westminster confirmó la derrota más abultada de la propuesta de Brexit de Theresa May. Más del doble, 432 votos en contra, frente a 202 a favor, fue el contundente resultado de la votación en el Parlamento británico. Un dardo envenenado, no solo para la primera ministra, sino para el lider laborista Jeremy Corbyn, que ya no podrá seguir manejando los tiempos y se ha visto obligado a dar un paso al frente y presentar una moción de censura.

No obstante, Corbyn no cuenta con los apoyos necesarios para sacarla adelante y todo apunta a que la premier superará el envite. May mantendrá la mayoría necesaria para mantenerse en el poder toda vez que el DUP, los unionistas norirlandeses, que votaron en contra del Acuerdo de Salida firmado con la Unión Europea, ya han anunciado que no respaldaban la moción: “Daremos al Gobierno espacio para poder sacar adelante un plan que asegure un mejor acuerdo con la UE”, ha declarado Alan Foster, su líder.

Jacob Rees-Mogg, el ultracatólico que dirige a los euroescépticos, también ha mostrado su lealtad a la primera ministra, mientras que Boris Johnson, ex ministro de Exteriores, ha señalado que “el problema no es Theresa May sino el acuerdo fallido del Brexit”.

El lider laborista, por tanto, solo cuenta con los respaldos del SNP, los nacionalistas escoceses, y los liberales demócratas, con 35 y 11 diputados, respectivamente. Ni tan siquiera es seguro el voto afirmativo de su propio grupo parlamentario. Además, la moción de no confianza, como así se denomina en términos ingleses, no obliga a presentar un candidato alternativo ni que sea constructiva, sino, en esencia, es una herramienta para provocar un adelanto electoral. De ahí que quienes sostienen al Gobierno de May vayan a seguir respaldándolo y que el más que previsible fracaso de Corbyn en esta intentona pueda interpretarse con un respaldo a la confianza parlamentaria hacia la primera ministra, aunque no haya apoyado el plan propuesto.

Al otro lado del Canal de La Mancha, Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, se ha lamentado por la decisión adoptada por Westminster y ha alertado de que “el riesgo de una retirada desordenada de Reino Unido ha aumentado con el voto de esta noche. Pese a que no queremos que eso ocurra, la Comisión Europea seguirá con sus trabajos de contingencia para ayudar a asegurar que la UE esté totalmente preparada”.

A tan solo dos meses del 29 de marzo, la fecha programada para que Reino Unido abandone la Unión Europea, el escenario está repleto de dudas y cada vez surgen más voces que cuestionan que el divorcio se materialice en esa fecha. El periódico británico The Guardian ya avanzó la posibilidad de que la UE prorrogue el plazo hasta julio si la premier lo solicita.

Incluso, May has dicho este lunes: “Resuelvan la pregunta de nuestra retirada y podremos avanzar en la creación de una nueva relación. Apoyen el acuerdo y esa labor podrá empezar el miércoles. Fracasen y nos enfrentaremos al riesgo de irnos sin un acuerdo o el riesgo aún mayor de no irnos”.

A tal punto llega la incertidumbre que los economistas dividen sus previsiones de crecimiento para Reino Unido en tres: Brexit con acuerdo, Brexit sin acuerdo y Reino Unido permaneciendo en la Unión. “Territorio desconocido” es como definió la primera ministra el contexto en el que se encontraría el país si no era aprobado su plan.

Hasta cinco escenarios se abrían antes de la votación de ayer. El más simple de ellos, la aprobación del Acuerdo de Salida suscrito con Bruselas. Ya es agua pasada. El segundo, un Brexit duro, que traería consecuencias catastróficas “para todo el mundo”, señaló Josep Borrell, ministro de Exteriores español este pasado lunes. De los 650 parlamentarios de la Cámara de los Comunes, solo entre 80 y 100 miembros conservadores euroescépticos, según Financial Times, lo verían con buenos ojos.

Las consecuencias inmediatas que verían los británicos en su vida diaria serían, por ejemplo, el incremento de los precios de los alimentos procedentes de Europa, que serían sometidos a controles aduaneros y a impuestos, el establecimiento de fronteras físicas, en especial en Irlanda del Norte, la limitación de movimientos de los ciudadanos británicos en suelo europeo o los problemas de residencia de estos fuera de Reino Unido, así como, por ejemplo, la asistencia sanitaria. Y, a la contra, parecido, con grandes limitaciones de las empresas en la exportación hacia la Unión Europea.

Un tercer escenario, aún posible, pero con tremendos obstáculos, incluso desde el Gobierno, sería la repetición del referéndum, la opción que más aterra a los euroescépticos, y algo a lo que la propia Theresa May se opone porque traicionaría la voluntad expresada en la consulta de 2016 y quebraría la confianza de los ciudadanos en la democracia, no asegurando, tampoco, el final de la división provocada en los últimos años.

La posibilidad de que el Parlamento retirara unilateralmente al Reino Unido de la unión aduanera, en contra de lo pactado con Bruselas, se abría como un cuarto escenario, pero los 600 votos en contra de la propuesta presentada por John Baron llevaron al traste esta enmienda, la única votada de todas las que se presentaron, con el fin de evitar a toda costa un Brexit sin acuerdo, y que retiraron sus autores.

La opción del adelanto electoral en el que insistió el lider laborista pretendía devolver a los ciudadanos “el control de la situación”, unos comicios que permitan “elegir nuevos diputados, nuevo Gobierno y un nuevo mandato para volver a negociar el acuerdo con la UE”, dijo Corbyn en su dura intervención. Imposible a estas alturas, toda vez que la renegociación de un nuevo acuerdo con la Unión Europea es imposible y que unas nuevas elecciones implicarían dos meses de parálisis para que, fuera quien fuera el que llegara al Gobierno, hiciera frente al mismo problema.

Tampoco parece que la opción de que el Parlamento británico retire la solicitud de salida -puede hacerlo- sea una posibilidad con visos de ganar adeptos. Y es que las opiniones siguen muy enfrentadas y todo parece apuntar a lo dicho por el conservador euroescéptico Julian Lewis. John Bercow, presidente de la Cámara, limitó las intervenciones a tres minutos. Lewis apenas utilizó 18 segundos para decir: “Porque Brexit debería significar Brexit, y porque una falta de acuerdo será siempre mejor que un mal acuerdo, votaré no, no y no”, como si Margaret Thatcher hubiera estado ahí.

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