“El florecimiento de la poesía después de la Guerra Civil Española I”, por Mari Ángeles Solís.

Mari Ángeles Solís del Río.

La cruenta guerra entre hermanos acaecida en España entre 1936 y 1939, no sólo supuso la destrucción de vidas humanas, el hambre y la desolación en los hogares, además del oscurantismo en una sociedad sometida al yugo de la injusticia. También supuso, en el plano literario, una catástrofe que con el paso de los años ha dejado huella en nuestra cultura: la Guerra Civil truncó la Edad de Plata de las letras españolas.

La contienda provocó que los poetas escribieran a favor de alguno de los bandos, lo que supuso que la poesía se viese claramente marcada por el corte ideológico. En cada uno de los bandos se utilizaron estrofas diferentes para crear y hacerse oír. Mientras que en el bando republicano la forma más utilizada fue el romance, en el bando golpista resaltaba el soneto, más aún cuando finalizó la guerra y el principal objetivo era exaltar las victorias del ejército franquista, además de elogiar a héroes y caídos. Por su parte, la utilización del romance en el bando republicano responde a la intención de crear literatura con un fin popular, poesía para todos, poesía para el pueblo.

Durante la guerra, entre 1936 y 1939, muchos poetas desaparecieron a los ojos de la literatura. Fallecieron plumas tan destacadas como Antonio Machado, Federico García Lorca o Ramón de Valle-Inclán. Lorca fue asesinado, Machado murió en el exilio y Miguel Hernández fue encarcelado, donde a consecuencia de las precarias condiciones de las cárceles franquistas, nos dejaba en 1942.

No sólo fue la muerte, sino el exilio (la otra pequeña muerte) de otros poetas, lo que expandió un negro velo sobre la literatura española. Por lo tanto, la poética quedó huérfana en nuestro país. Únicamente pudieron sobrevivir a este oscurantismo, algunos poetas que poseían ya, antes de la contienda, una obra sólida. Es el caso de Rafael Alberti, Juan Ramón Jiménez o León Felipe. Sin embargo, el devenir literario de después de la guerra no dejó sitio a los poetas jóvenes que se quedaron sin lugar en la nueva sociedad forjada por el franquismo.

Fue a partir de 1944 cuando se empezaron a oír voces como las de Vicente Aleixandre, Gerardo Diego y Dámaso Alonso. En aquellos años se intentó normalizar la producción literaria. Con tal fin, se fundó la revista Escorial, en noviembre de 1940, formando parte de su redacción nombres como Luis Rosales, Antonio Tovar, Antonio Marichalar, Dionisio Ridruejo y Lain Entralgo. Algunos de ellos, durante el primer año de guerra, fundaron la revista Jerarquía, considerada “la revista negra de la Falange”, ya que nació del totalitarismo, queriendo asumir una imagen supremacista e integradora.

La revista Escorial basó sus contenidos en temas religiosos e imperiales, y eligió la estética usada en el clasicismo. Pero el grupo de redactores fue perdiendo influencia debido a que su interés autocrítico iba aumentando con el paso del tiempo. Es por ello que fueron relegados por otros nombres, cuyo principal objetivo era alinearse con los intereses de los vencedores de la contienda. Así pues, los fundadores de la revista Escorial tomaron un camino que conducía a una poesía encerrada en lo personal y en temas cotidianos.

Pero, lo que realmente tuvo repercusión en la poética de postguerra, fue la fundación de la revista Garcilaso en 1943, ya que no se vio sometida al yugo de la ideología. El nacimiento de esta publicación surgió en torno a un grupo llamado “Juventud Creadora”, encabezado por José García Nieto. Sus reuniones tenían lugar en la tertulia del Café Gijón. La línea poética marcada desprendía que no había ningún vínculo, ni nexo de unión, entre las obras que publicaban y la realidad histórica vivida en el momento, buscando huir de la devastación y el horror. Además de trasladar, a través de estrofas como el soneto, temas de índole amoroso.

También en 1943, vio la luz Adonais, revista fundada por Guerrero Ruiz y José Luis Cano. Se caracterizó por un estilo neorromántico, llevando al centro de la temática posturas más intimistas. Pero lo más importante de esta revista es que supuso una intención de acercamiento entre los poetas que residían en el país y entre aquellos que se encontraban en el exilio.

Quien marcó el paso de lo que sería la poesía en la literatura española a partir de ese momento fue Dámaso Alonso, con la publicación de Hijos de la ira, en 1944. Ante el sometimiento existente al soneto, Alonso eligió versos extensos en los que se relataba la angustia de un naufragio personal e histórico. Era un grito contra un dios que no se conmovía ante el sufrimiento humano. Alonso pretende seguir, en este libro, la estela de los profetas del Antiguo Testamento, por medio de una retórica recargada.

La temática protestataria de Alonso, alzando su voz hacia dios y contra él, se alargó durante varios años, incluyendo en sus versos abundantes reiteraciones e intensificaciones, y utilizando paralelismos anafóricos y repeticiones de sintagmas, lo que desembocó en un estilo tremendista o neoexpresionista.

En 1944, también se publica Sombra del paraíso, escrito por otro poeta destacado de la Generación del 27, Vicente Aleixandre, que se une a la angustia existencial de Alonso, buscando la reconstrucción de la esencia del Edén mitificando la figura del padre muerto.

A partir de esa fecha, las publicaciones en toda serie de revistas, se multiplica…

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