El efecto cascada de la crisis argentina

El efecto cascada de la crisis argentina

Cuando el dólar sube, las monedas de los países en desarrollo sufren.
El peso se ha desplomado y ha llevado a que Mauricio Macri pida un rescate al FMI, lo que ha llevado a los analistas a ver en la caída de la moneda argentina, un 15% en dos semanas, la señal de alerta para el resto de economías emergentes que, ante un dólar caro sufrirán y se desestabilizarán. Quedó demostrado en 2013 y ahora, después de que Donald Trump ganara las elecciones en 2016, con las expectativas de hasta tres subidas de tipos de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, Fed, el debilitamiento del crecimiento global y la escalada del rendimiento del bono norteamericano a 10 años por encima del 3%, hacen pensar que las devaluaciones no han acabado. Y no es el único ejemplo, el real brasileño cayó un 3% mientras que el peso chileno se desplomo el 4 de mayo. El real, los pesos mexicano, colombiano y chileno y el sol peruano cayeron el miércoles entre un 1% y un 1,5%, como también se devaluaron la lira turca, el rublo, el rand sudafricano y el yuan chino, todos ellos en un marco de mercados emergentes que están a punto de explotar.
A pesar de ello, los países en fuerte desarrollo están mejor preparados para amortiguar los efectos de los aumentos de los tipos de interés en Estados Unidos. “Desde los años 90 se han equipado para defenderse”, explica el gestor de carteras Robert Casajuana, “y se han dotado de bancos centrales e instituciones económicas fuertes, además de abastecer sus despensas de moneda para apuntalar sus divisas ante las oleadas de ventas que conllevan el auge del billete verde”. “La mayoría de estas economías no están mostrando un mal desempeño en el plano macro”. De ahí que se piense, como opina Alberto Muñoz Cabanes, profesor de la UNED, que la debacle argentina no se repetirá en otros mercados de la zona “más allá de un efecto contagio en el corto plazo”.

Cambio de orientación
En opinión del analista de Fidelity, Paul Greer, a raíz de que el bono del Tesoro a 10 años se ha situado casi en el 3% “los inversores han comenzado a reorientar sus estrategias hacia los diferenciales de rendimiento de los bonos del Tesoro y las tasas de interés y han decidido abandonar el mantra que les había acompañado desde el verano pasado, el déficit de Estados Unidos y el proteccionismo de Donald Trump”. En consecuencia, el dólar seguirá subiendo frente al peso argentino y el resto de monedas de los países emergentes. El analista pone en duda que el Banco Central Argentino consiga su objetivo de enfriar la inflación y contener la caída del peso a pesar de que ahora los tipos de interés en el país latinoamericano estén al 40%, habiendo sido elevados en casi un 1.300% en una semana: “A pesar de ofrecer el tipo de interés nominal y real más elevado del planeta y de reducir su objetivo de déficit fiscal, es poco probable que atraigan dólares con esta maniobra”.
La práctica de vender dólares para invertir en el peso y en otros activos argentinos de alto rendimiento, como son las letras del Banco Central, hicieron subir el precio del peso artificialmente, lo que se ha granjeado las críticas de personalidades de la economía como el ex ministro Carlos Menem, Fernando de la Rúa o Domingo Cavallo, aventurando su fracaso. “La promesa de incremento de tipos de la Fed ha restado atractivo a este estilo de operativa en los países con un elevado precio del dinero y ha provocado una huida simultánea de estas divisas”, señala Muñoz Cabanes. Los inversores rechazan este tipo de operaciones en el caso argentino y han “buscado refugio en el billete verde por el miedo a que se dé una crisis financiera como la de 2001”, cuyo efecto fue, entre otros, el corralito, algo poco probable, en opinión del analista, en otras economías de la zona y, de ahí, que sea descartable en otros países, con consecuencias tan graves, “a medio plazo”.

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