El Brexit hará caer la economía británica un 2%

El Brexit hará caer la economía británica un 2%

El acuerdo propuesto por Theresa May minimiza la caída.
Cualquier opción del Brexit tiene “un coste en puros términos económicos” para el Reino Unido, admite Philip Hammond, secretario del Tesoro, incluso la pactada por la primera ministra británica con Bruselas. La diferencia está en que “lo que logrará el acuerdo será minimizar esos costes… Nuestra economía será ligeramente más pequeña con la opción preferida por la primera ministra”, ha declarado en una serie de entrevistas continuadas en varias televisiones. En cualquiera de los casos, “salir de la Unión Europea se traducirá en impedimentos para nuestro comercio exterior”, remarcó el secretario del Tesoro.

Hammond era partidario de la permanencia y sus declaraciones no han sentado bien entre los partidarios de un Brexit duro, avivando los ataques por parte de estos hacia el Gobierno, al que acusan de alimentar el “proyecto miedo”, de forma que se consiga en Westminster el voto positivo a favor del acuerdo el próximo 11 de diciembre.

Lo cierto es que, según evalúan varios analistas del Ejecutivo, en coordinación con la secretaria del Tesoro, la propuesta pactada con Bruselas y anticipada en Chequers conllevará una contracción de la economía británica de entre el 0,6% y el 2% en 15 años, en comparación con que se permaneciera en la UE.

El secretario del Tesoro hace hincapié en que el impacto será “muy pequeño” si se acepta el acuerdo suscrito por May, permitiendo que siga creciendo la economía en términos generales. “Es la forma óptima de salir de la Unión Europea y de respetar el resultado del referéndum”.

El peor escenario sería un no acuerdo puesto que supondría, según calcula, un desplome del PIB de hasta un 7,6% comparado con la permanencia en la Unión durante el mismo período. Hammond advierte: “Ser un país totalmente independiente desde el punto de vista comercial introduciría un nivel de fricción en nuestras relaciones económicas con los países de la UE. Nuestro compromiso es minimizar absolutamente esa fricción y lograr que nuestros vecinos europeos estén de acuerdo. Ese ha sido el objetivo de la negociación, trabajar juntos para llegar a ese punto de entendimiento”.

Tanto las palabras de Hammond como las estimaciones del Gobierno han recibido duras críticas por los partidarios de una salida dura, entre ellos, David Davis, ex ministro del Brexit, quien acusa a la primera ministra de utilizar una estrategia del miedo como la que emplearon “los partidarios de la permanencia durante la campaña del referéndum”.

Así, propone un Plan B basado en las líneas maestras del Acuerdo Económico y Comercial Global entre la Unión Europea y Canadá, haciendo extensible su alcance al sector servicios y con especial atención a la cooperación en seguridad y defensa.

En este sentido, el secretario del Tesoro coincide en que, si el Parlamento bloquea el preacuerdo, lo mejor sería una opción en la que se cuente con la ventaja de “la aritmética parlamentaria”. Por esta razón, tanto él como otros ministros moderados intentan convencer a la premier para que apoye un Plan B al que han llamado “Norway for now”, “Noruega por ahora”.

La estrategia a seguir sería que Reino Unido ingresara temporalmente en el Espacio Económico Europeo en tanto en cuanto se negocia con Bruselas el acuerdo de la futura relación comercial. De este modo, los británicos permanecerían en un mercado único durante un mínimo de dos o tres años, de forma que se paliase el impacto económico, aunque ello supusiera la libertad de movimientos y sin restricciones de los inmigrantes europeos. “Mirado desde ese punto de vista exclusivamente económico, quedarnos en el mercado único nos daría una ventaja”, admite Hammond.

Con el “modelo Noruega”, el PIB se contraería en un 1,4%, en contraposición a la caída calculada del 4,9% con el “modelo Canadá” propuesto por Davis, en ambos casos comparado con la permanencia en la Unión.

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