El anumerismo

Carolina Gutiérrez Montero.

Por Carolina Gutiérrez Montero (investigadora biomédica)
Este término inventado y procedente del inglés, innumerancy, hace referencia a una condición basada en la incapacidad del ser humano para entender conceptos matemáticos aplicados a la vida real y cotidiana. Y viene perfectamente relatado en el libro de John Allen Paulos, El hombre anumérico (El analfabetismo matemático y sus consecuencias), un ensayo que describe de forma muy clara la incapacidad de la sociedad actual para entender las matemáticas en el contexto de nuestra vida diaria.
Probablemente parte de nuestro “anumerismo” sea fruto de la manera en que nos han enseñado las matemáticas en la escuela. Considerada por la mayor parte de nosotros una asignatura difícil y un poco rollo, creó en los alumnos de buena parte de mi generación y de otras anteriores y venideras una fobia como consecuencia de unos temarios, a veces un tanto absurdos, que condenaban y creo que aún condenan a docentes a unas explicaciones carentes de sentido práctico.
¿Qué sentido puede tener para unos pueriles alumnos que les llenen la pizarra de fórmulas matemáticas sin explicarles realmente cuál es su aplicación real? Y más aún hoy en día con las grandes tecnologías pisándonos los talones, donde todo esto quedará superado de forma abismal.
Además con las matemáticas pasa algo curioso y es que no es raro observar en algunas personas cierto orgullo de mostrar una llamemos ignorancia de las mismas, al considerarlas de poca importancia y cuyo déficit cognitivo no es comparable al desconocimiento de otras disciplinas puesto que no parece ser muy evidente en la vida cotidiana. A su vez añadir que el “anumerismo” para nada se asocia con incultura ni mucho menos. Personas de lo más culto y con cargos importantes a todos los niveles carecen de esta capacidad de interpretación matemática en sus quehaceres diarios.
Algo importante que ocurre con este desconocimiento aplicado al campo de las probabilidades es que si uno no tiene una cierta comprensión de los grandes números, no tendrá una buena capacidad para atribuir las posibles probabilidades a una determinada cosa: entenderá por ejemplo, que tiene la misma probabilidad de padecer una enfermedad tropical viviendo en el centro de la ciudad que una enfermedad cardiovascular (que es la principal causa de muerte en nuestro país).
Con las matemáticas, bueno como para otras asignaturas, es importante que se tengan los conceptos claros, que se fijen bien en nuestros cimientos neuronales para poder ir construyendo sobre ellos todos los conocimientos futuros que estén por llegar. Que a los niños se les enseñe a pensar, a razonar el porqué de las cosas, solo así cuando en la fórmula A+B=C, se cambie A por H, sepan porqué ya no es C, o sí…pero que abandonemos el concepto de aprenderlo de memoria.
He de reconocer que no fui muy amante de las matemáticas en mis años de estudiante. Estudiaba de la manera que nos decían en la época y fui ganándole poco a poco la batalla. Pero he de confesar que ha sido de adulta y tras estudiar una carrera de ciencias cuando me he dado cuenta de la importancia de las matemáticas en la ciencia y en la vida. Si bien por la disciplina académica a la que me dedico las necesito, creo que hay un gran número de situaciones que se nos presentan a diario en la vida que son puro planteamiento matemático, probabilidad estadística…
Desde luego no piensen que la estadística nos va a ayudar a saber si hemos encontrado al marido o mujer perfecta con los que pasaremos el resto de nuestro vida…eso son cosas de otro cantar, pero tengan por seguro que los números nos ayudarán a razonarles a muchos de ellos esas teorías sobre las que creían estar en lo cierto.
Hay un ejemplo muy claro y es el de nuestra querida lotería. Aquí en España somos muy dados a la compra de la Lotería de Navidad, y es curioso ver que en determinadas administraciones de venta se forman unas colas enormes para comprar un décimo pensando que como ahí tocó más veces, tenemos más probabilidad estadística de que nos toque. Este es un claro ejemplo de “anumerismo”: en el bombo entran 100.000 números repartidos entre todas las administraciones; por tanto la probabilidad de que salga su número, lo compre dónde lo compre es 1 entre 100.000. Y si tuvo la suerte de que el año anterior fue afortunado y le tocó el gordo, la probabilidad de que le vuelva a tocar este año es de nuevo el número que lleve entre 100.000. Así de sencillo.
Pero les voy a poner otro ejemplo, en el que pudiera ser que alguna vez se hayan visto implicados, y que ha sido incluso denunciado ante los tribunales. Y es la situación que se da por ejemplo para conceder una plaza para unas clases de inglés, o para optar a un puesto de trabajo y esto se hace por un sorteo en función de la letra que se saque de un bombo y que coincida con el inicio de su apellido.
Aquí la cosa cambia y se cometen injusticias, no porque falle la probabilidad estadística ni las matemáticas puras , sino porque no es un método justo para este tipo de selección.
Imagine que se ofertan quince plazas para un curso de inglés y que se otorgarán en orden de forma consecutiva a partir del primer apellido que comience con la letra que salga del bombo hasta completar los quince. En el abecedario hay veintisiete letras, que se meten en el bombo, se da vueltas (hasta aquí todo bien) y sale la letra G. ¿Creen ustedes que desde el punto de vista de igualdad es lo mismo llamarse García que Gutiérrez? No: será mayor la probabilidad estadística de que su hijo consiga una plaza si su apellido empieza por Ga, Gb, Gc… que si su apellido empieza por Gu, Gw o Gz.  Además con la contrapartida de que dependerá del número de personas que haya delante de usted con una segunda, tercera… letra del apellido anteriores alfabéticamente a la suya. Lógicamente no es un método justo de selección.
Ahora piensen por un momento que no se trata de unas simples clases de inglés, sino de coger una plaza en un trabajo para toda la vida: cinco plazas y de nuevo selección según los primeros cinco apellidos de forma consecutiva a partir de la letra que salga en el bombo y la elegida es la C: pues si su apellido empieza por Ca, Cb, Cc… puede tener suerte, pero como vayamos avanzando un poco más allá del alfabeto y teniendo en cuenta que son solo cinco plazas, las opciones se van perdiendo poco a poco.
Estos ejemplos, están puestos a propósito, porque implican un número de plazas reducido con lo que es más fácil darnos cuenta de la injusticia y es más evidente su consecuencia. Quizá con números más grandes nos podría pasar desapercibida la injusticia de la selección, que como pueden observar nada tiene que ver con el caso de la lotería que sí que es totalmente justo: todo depende del masoquismo de cada uno para aguantar más o menos colas.
Estos procesos han sido denunciados como les comentaba antes en los tribunales, pero parece ser que algunos jueces tienen más “anumerismo” que nosotros, simples mortales.
Para todo esto valen las matemáticas y para mucho más obviamente. Aprendamos a quererlas un poco más, al menos para que no nos engañen.

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