“EEUU lleva la guerra comercial con China al límite”, por Francisco Villanueva Navas

Francisco Villanueva Navas.

Francisco Villanueva Navas · @FranciscoVill87. Economista y periodista financiero.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aumentó la escalada comercial contra China con más sanciones. China respondió, aunque ambas partes otorgaron plazos para cumplir las sanciones

EE.UU de la mano de Trump está reestructurando el sistema de poder global, en el momento en que emerge un nuevo orden mundial. El punto común que tiene uno y otro es el crecimiento de excepción de la economía norteamericana: más de 3% anual en los últimos 5 trimestres, que trepó a +3.2% anual en los 3 primeros meses de 2019, con un alza de la productividad de 3.5% anual en ese periodo, por encima del promedio histórico de los últimos 100 años (+2.5% anual).

También se han creado 1 millón más de puestos de trabajo que el total de las filas de desocupados, que serían 2 millones a fin de año; y todo esto con una tasa de desocupación de 3.6%, la más reducida en 51 años.

EE.UU. encabeza la nueva revolución industrial (informatización completa de la manufactura y los servicios), la cuarta en la historia del capitalismo; y con la primera economía del mundo (21.6 billones de dólares).

Esto pasa cuando recuperó el liderazgo global perdido en 2008, a través de un poder combinado económico, político, estratégico y militar que supera a todo el mundo sumado.

Europa experimenta un proceso de desarticulación acelerada, cuya manifestación extrema es el Brexit, a la que se ha sumado ahora el conflicto fiscal con Italia surgido del gobierno intensamente soberanista de Roma y el enfrentamiento generalizado con los países de Europa Oriental, encabezados por Polonia y Hungría.

La Unión Europea es el núcleo del orden global creado por EE.UU. después de la Segunda Guerra Mundial, cuando reconstruyó Europa Occidental a través del Plan Marshall (1948-1953), que luego se integró en una extraordinaria construcción política transnacional, que experimenta una honda crisis de legitimidad.

Este orden transnacional fundado en la hegemonía norteamericana duró hasta el colapso de la Unión Soviética (1991), y se derrumbó tras el ataque de Al Qaeda en 2001 y las dos guerras posteriores en Medio Oriente (Afganistán/Irak).

Trump ya ofreció al gobierno británico negociar de inmediato, tras el Brexit, un acuerdo de libre comercio que podría cerrarse en 1ó 2 años, que convertiría al Reino Unido nuevamente en el “aliado preferencial” de EE.UU., solo que en las condiciones de la economía global del siglo XXI.

La clave del nuevo orden global es el acuerdo con China, la segunda economía del mundo (14.6 billones de dólares y un 15% del PIB global); y que, junto con EE.UU. es la gran impulsora de la nueva revolución industrial, con una economía digital (6.9 billones) que cubrirá 40% del PIB en 2020.

Trump aumentó la semana pasada de 10% a 25% los aranceles a las importaciones chinas, pero con fecha de ejecución solo después del 21 de mayo (el tiempo que lleva el transporte marítimo de los productos chinos a los puertos norteamericanos).

China respondió con un alza de aranceles de 10% a 25%, que solo entrarán en ejecución el 1 de junio: más de un mes y medio para continuar las negociaciones.

La República Popular exportó a EE.UU. por más de 540.000 millones de dólares en 2018, y recibió productos norteamericanos por U$S 120.000 millones, que implica un superávit de 320.000 millones, el mismo promedio de los últimos 15 años.

El vicepremier Liu He, que negocia en representación de la República Popular, fijó tres reclamos que China considera “irrenunciables” antes de la aprobación del texto final.

La primera es levantar todas las sanciones comerciales de EE.UU sin excepción, tras acordar el texto final. El segundo se refiere a las formas y el monto de las compras adicionales que China se compromete a realizar para eliminar el superávit comercial de 540.000 millones que mantiene con EE.UU.

Propone efectuar compras por 100.000 millones de dólares anuales que equilibren la balanza en 6 años, en tanto que el lado norteamericano quiere hacerlo en 2/3 años, lo que significa duplicar/triplicar la suma anual.

Por último, lo decisivo, China sostiene que ya sancionó las normas que garantizan la “propiedad intelectual” de las transnacionales estadounidenses, y que rechazan toda transferencia forzada de tecnología, así como el otorgamiento de subsidios a las empresas del Estado a través del programa “Made in China 2025”. Advierte que esto lo ha hecho mediante la nueva “Ley de Inversiones Extranjeras” sancionada por la Asamblea Nacional/Popular en marzo de este año.

Lo que China no puede aceptar y no va a aceptar es que esto figure en el texto final como garantizado por EE.UU. porque afectaría directa sus “intereses vitales” y su sentido del honor nacional y la soberanía política, que son “irrenunciables”.

Las conversaciones continúan la semana próxima en Pekín, y es probable un nuevo encuentro entre Trump y Xi Jinping en Osaka, Japón (G-20) el 28 o 29 de junio.

Sería un dialogo entre los líderes de las dos superpotencias, una, el “Nuevo Mundo”, con 300 años de historia, la otra, el “Imperio del Medio” del siglo XXI, con 5.000 años de historia…

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