Editorial “Tiempo de Constitución”

Si no encontramos a alguien a quien le guste la Constitución por entero es porque no está hecha a medida de nadie. Es un punto en común entre todas las ideologías, los pensamientos, los partidos políticos, los agentes económicos y sociales. Entre todos.
Y como punto en común podemos convenir que la Constitución es el texto equidistante de cada uno de nosotros con respecto a los demás. Podríamos escribir un libro sobre aquello que no nos gusta, cada uno de nosotros tendríamos una opinión, pero encontraremos siempre en la Constitución el lugar donde nos podamos sentir todos cómodos.
El valor de la Constitución reside en el hecho de no estar hecha a medida de nadie sino que está construida como mínimo común múltiplo de cada uno de los trabajadores de este país. Esa es la grandeza de la carta magna y una de las principales virtudes de nuestra democracia.
Acatar la Constitución no supone estar de acuerdo con muchas cosas que dice, sino aceptar que forma parte del acervo de todos y cada uno de los ciudadanos de este país. Ciudadanos que pueden presionar y organizarse para cambiar aquello de la Constitución que no les parezca bien o consideren que es anacrónico. Pero en el marco del respeto a los otros, en la tolerancia, en suma, en la ley.

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