Editorial “Rajoy, la pelota y el tejado”

Cuando uno o una es acusado de algo y transparente a la inteligencia no toma las decisiones adecuadas, suele seguir unos pasos que se repiten a lo largo de la historia de la política o, incluso, a lo ancho de la historia de la Humanidad.
En primer lugar, como ha hecho Cifuentes, mata al mensajero. Se trata de, en lugar de aportar pruebas, querellarse contra los periodistas que han difundido la noticia. También se da el caso de tratar de desacreditar a los medios de comunicación con el único afán de hacerse la víctima.
En segundo lugar, trata de matar al adversario. De poner encima de la mesa casos que, según ella, son similares. Echarle la culpa a un complot de personas indignas que lo que quieren es acabar con su propia credibilidad. Sin revelar que esta noble virtud la perdió desde el momento en que la mentira se adueñó de su posición política.
Y, en tercer lugar, matando a los propios. Haciendo recaer la responsabilidad política en sus ascendientes, en sus superiores, en aquellos que la pueden descolgar de un apoyo que resulta imprescindible para seguir en el cargo.
La pelota está en el tejado de Rajoy.

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