Editorial “Querella contra el Supremo”

Por muy consistentes que sean las instituciones siempre puede haber alguien que trate de demolerlas, destruirlas o desprestigiarlas. Que la Mesa del Parlament se querelle contra Llarena es tan absurdo como peligroso.
La Mesa del Parlament debería estar más preocupada por desatascar la labor parlamentaria que tiene paralizada la actividad legislativa de Cataluña. Eso significa presupuestos, leyes e iniciativas que no se ponen en marcha generando una parálisis que tarde o temprano lo pagarán todos los ciudadanos.
En lugar de ello, provocan un choque de instituciones que solo puede perjudicar a todos y cada uno de los catalanes. La degradación de las instituciones, por lo tanto, supone un grave daño a la democracia.
Pero las instituciones no hablan por sí mismas. Son los hombres y mujeres irresponsables los que anteponen sus intereses partidistas o sus ideas iluminadas al bienestar de todos. No les importa el presente y son capaces de hipotecar el futuro a veces para siempre.

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