Editorial “Nacionalidad vasca”

Los nacionalistas vascos, PNV y Bildu, han acordado incluir en la propuesta de nuevo Estatuto la nacionalidad vasca, su inclusión en un estado confederal y el derecho a decidir de los ciudadanos residentes.
Se nos está yendo de las manos. Nadie –salvo Alfonso Guerra y pocos más-, han sabido convencer y vencer intelectualmente esa idea peregrina de que uno puede decidir el futuro del territorio donde resida por el mero hecho de empadronarse.
La igualdad es el santo y seña de la izquierda para lograr que los ciudadanos sean más libres. Y el nacionalismo, siempre excluyente, atenta contra la igualdad entre todos los residentes de los territorios propiamente excluidos. Por eso el derecho a escindir tiene mucho que ver con la intención de la burguesía adinerada de dejar de pagar impuestos.
La Declaración de Nacionalidad Vasca (Euskal Herriko Naziotasun Altormena) es lo que se ha venido en llamar el DNI vasco. Una vieja aspiración de Udalbiltza, la asamblea de municipios vascos, que fue tumbada por el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco en cuatro municipios que la establecieron (Astigarraga, Dima, Minitibar y Usúrbil).
Para mayor abundamiento, la Junta Electoral prohibió su uso en las elecciones vascas como método de acreditación. Aun así se inventaron torticeramente un documento sanitario llamado ONA (Documento de Salud e Identidad) que, por cierto, fue retirado por el lehendakari Patxi López.
Pero, sobre todo, es un síntoma de aldeanismo (como decía Unamuno).

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