Editorial “Breve historia de la derecha en España”

Herederos de Burke y del pensamiento conservador, la derecha española no ha dudado en alinearse en los sectores más reaccionarios de la patria. El negro y el rojo de Stendhal se queda de un corto francés comparado con la derecha española: primero absolutista, luego carlista, más tarde canovista.
Son la representación política de los intereses del capital, poder que necesita la analgesia de las clases medias para obtener mayorías. Antes, superado el XIX y bien entrado el XX, el caciquismo era su santo y seña. Ahora necesitan la seducción electoral.
Sin embargo, cuando las urnas no les sonreían, ahí estaba el General Primo de Rivera para ponerle remedio o, trágicamente, más tarde, el inquilino indeseado del Valle de los Caídos. Este ejemplo, el último, supuso que la derecha campara por sus respetos durante cuarenta años estableciendo un nuevo régimen de intereses y corrupción en forma de Nuevo Estado.
Pero llegada la democracia tuvieron que adecuarse a los tiempos. Alianza Popular fue fundada por cinco ministros franquistas -Manuel Fraga Iribarne (ministro de Información y Turismo), Cruz Martínez Esteruelas (ministro de Educación), Federico Silva (ministro de Obras Públicas), Laureano López Rodó (ministro de Asuntos Exteriores), Licinio de la Fuente (ministro de Trabajo)-, quienes junto a Enrique Thomas de Carranza (jefe de la censura durante los sesenta y setenta), y Gonzalo Fernández de la Mora (defensor de la selección genética), conformaron los llamados siete magníficos.
Luego Aznar se dio cuenta que liderando un acercamiento al centro, y aprovechando los malos tiempos del PSOE, podría asegurarse ocho años que, posteriormente, fueron heredados por un aburrido tiralevitas como Rajoy, personaje que escondía los problemas en los cajones.
Ahora inician una nueva etapa.

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