Diagnóstico: Titulitis Aguda

Mari Ángeles Solís del Río.

Por Mari Ángeles Solís del Río · @mangelessolis1.
Decía Jack Welch: “si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder”.
Y traigo esta frase a primer plano porque, en el actual panorama político, parece que estamos más pendientes de los títulos universitarios de nuestros políticos y si los han obtenido de forma legítima. Y el tema tiene su trastienda… con una serie de acusaciones, con engaños, con el “y tú más” de toda la vida, parece que eso es lo único que se mueve en nuestro entorno cuando, en realidad, nuestros jubilados siguen pasándolo mal con su pensión, cuando aún hay jóvenes que están sin empleo y, cuando aún tenemos en nuestras ciudades zonas marginales, aun hay ciudadanos que pasan hambre, muy cerca de nosotros… y nos sigue intrigando la veracidad de los títulos que quienes nos gobiernan o pretenden gobernarnos. Porque, más allá de lo que se halle en el fondo de la cuestión, ¿nos hemos preguntado dónde se encuentra el origen del problema?. Hoy me he estado planteando que si todos los ciudadanos pudiesen tener acceso a cursar una carrera universitaria, todos por igual… sin necesidad de sacrificios extremos a nivel económico, pensando en aquellas personas que no han podido estudiar lo que sentían como “su vocación” debido a que en su hogar “no se podía llegar a fin de mes”… ¿habría surgido este debate?
¿Por qué ese ansia de engrosar currículum si luego no eres capaz de desarrollar tus conocimientos en favor de la ciudadanía? La educación tiene que ser un derecho para la ciudadanía. Una educación libre, igualitaria, de calidad. Es algo que defiende la Socialdemocracia.
Más claro, el agua. ¿De qué le sirve el título de economía a alguien que luego no es capaz de elaborar unos presupuestos que no marginen a parte de la población, que aseguren cubrir las necesidades de la ciudadanía, que mantengan nuestras poblaciones habitables.
Es mejor saber hacer las cosas bien que lucir un título pagado con el que no puedes demostrar tus capacidades, que acaso sí que las tienes, pero que por tu forma de adquirir el título que lo asevera, has quitado a alguien la posibilidad de formarse.
Por ello, no quiero utilizar este artículo para poner en cuestión ni las titulaciones ni los máster de nadie (aunque el caso de Pablo Casado chirríe de un modo apabullante). Si no que, quiero que lo que quede es el derecho a la educación, el derecho de todos los ciudadanos a cursar una carrera universitaria, pero que, después de todo ello, tengamos muy en cuenta la vara de medir que utilizamos. Para mí, nunca tuvo valor el “tanto tienes, tanto vales”. Porque las personas no estamos hechas de títulos sino de valores. Porque lo importante no son las personas importantes, sino las personas que importan. Así lo dijo Bernardino Rebolledo: “No sabe más el que más cosas sabe, sino el que sabe las que más importan”.
Tengamos la coherencia de saber llegar hasta donde nos permiten nuestras capacidades y no seamos tan necios que cerremos el camino a los demás. El día a día nos enseña. Ya lo dijo Leonardo Da Vinci: “La sabiduría es hija de la experiencia”. Y valoremos a los demás por lo que son, no por cuánto son. La vida siempre te enseña que “hay personas” que no tienen “precio” sino valor. En realidad, aunque a veces no lo veamos, hay personas que “no se venden”. Preocupémonos de encontrar a esas personas porque son las que, realmente, merecen la pena.

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