Desenmascarando sombras

Por Mari Ángeles Solís del Río.
El que sea incapaz de entrar en esta participación común, o que, a causa de su propia suficiencia, no necesite de ella, no es más parte de la ciudad, sino que es una bestia o un dios”. (Aristóteles, Política, libro 1.1)

Siempre he considerado, y así me lo enseñó mi amigo Fernando, uno de los mejores socialistas de España, y mi gran maestro, que la política (con palabras similares me lo dijo cuando yo apenas tenía  quince años) es el instrumento para solucionar los problemas de la gente. Hoy, veinticinco años después, y releyendo la obra de Aristóteles, han asaltado a mi mente sus palabras y me he preguntado a mí misma, si la política bien entendida, desmenuzada en todo su contenido, es sublimemente comprendida mirando siempre hacia la izquierda.
Aristóteles consideró, que el fin de la sociedad y del Estado, es garantizar el bien supremo de los hombres; la realización de la vida moral e intelectual tienen lugar en la sociedad, y es obligación del Estado garantizarla. Por lo tanto, el Estado tiene que garantizar unas leyes justas. Justicia.
Para Aristóteles, el primer concepto que define a la Política es la ciudad, lo que nos transmitió en el término de “polis” griega, forma de organización política. A su vez, compuesta de familias que dan origen a la sociedad. Al atajar el problema fundamental de la “polis”, llega a la conclusión de que uno de sus principales objetivos ha de ser “la regulación de las desigualdades”. Igualdad.
Por lo tanto, si voy atando cabos, veo que he escrito dos principales valores socialistas: justicia e igualdad. Y ya entonces, para este filósofo, el Estado debía tener una actitud vigilante para evitar la desigualdad. Debía velar por la “justicia social”.
¿Será utopía, o no? Esto de entender la política, desde la izquierda… como rezaba Machado, en uno de sus poemas “Tu verdad. No. La Verdad./ Y ven conmigo a buscarla…/ La tuya, guárdatela.”. En qué lugar exacto está la verdad, en qué lugar exacto encuentra libertad el individuo para atajar por un camino… o pasear por otro… Así lo refleja Aristóteles, cuando argumenta que “cada ciudadano puede, gracias a las leyes, practicar lo mejor posible la virtud y asegurar su felicidad, adoptando el camino que le parezca mejor…”. Libertad.
Resulta, cuanto menos curioso, que releyendo a Aristóteles en esta tarde de otoño frío, desmenuzando los conceptos de su obra Política, salgan a colación conceptos tan utilizados y tan presentes en el ideario socialista, como son Justicia, Igualdad, Libertad… La lectura, a veces, nos lleva siglos atrás, sin saber por qué, sin encontrar sentido a las extrañas formas en que evolucionan los tiempos, mientras pensamos si lo escrito entonces, pudiésemos aplicarlo a la sociedad actual y ¿cómo sería esa sociedad?
Yo siempre elegiré una sociedad mayoritaria de izquierdas, donde los ciudadanos saquen su parte de “político”, porque todos lo somos, porque convivimos. Que el fin de quien gobierna sea el bien para todos, como lo entiendo… desde la izquierda.
¿Acaso la ciudad perfecta sería la solución? Nunca creí en la perfección. Considero que la perfección la inventaron entre un niño que aun no había vivido y un viejo que quería morir. Pero sí creo en la sociedad. Y en la solución de sus problemas a través de la política. El individuo, como animal político, como ciudadano, siguiendo una política de izquierdas puede, respetando la justicia y disfrutando de su libertad, convivir en igualdad en una sociedad progresista.
Porque, al fin y al cabo, no se reduce sólo a relaciones económicas, aunque sea de vital importancia, el devenir de una sociedad. Ya sea en los tiempos de la Grecia de Aristóteles o en la España actual. Es todo un conjunto de ideas, lo que nos lleva a considerar la democracia, como la más justa forma de gobierno, descartando la demagogia, al igual que hizo el gran filósofo, considerándola como degeneración de la misma. Y es en esta forma de gobierno, en la que el Estado ha de ser garante de derechos y  deberes, atreviéndome a decir, que en la sociedad actual, el principal objetivo debe ser la conservación y mantenimiento del Estado de Bienestar.
Mirando hacia atrás comprendemos mejor el futuro. Y el futuro empieza hoy. Los filósofos de ayer marcaron un camino, que hoy nos hacen mirarnos al espejo para vislumbrar lo que vendrá mañana. Una sociedad justa en la que se respeten los derechos, en la que cada ciudadano cumpla con sus obligaciones. Una sociedad en la que no exista la desigualdad y los poderes públicos velen por ello. Una sociedad en la que cada individuo pueda ser libre de tomar decisiones. Una sociedad en la que prime el respeto. Una sociedad en la que lograr el bien de todos sea el principal objetivo. Esa es una sociedad progresista que ya en la antigua Grecia, aunque no con tanta similitud, dejó una huella, dejó un esqueje donde floreció la democracia, tan valiosa siempre, y más aun hoy, que nos muestra un objetivo, un ramillete de ideas hacia una idea desgastada por el hastío de unos tiempos de vacío, que nos aislaron hacia una idea de alejamiento de lo social que pervive de forma intrínseca en el ser humano. Todos somos políticos, sin más. O quizá sea un concepto, demasiado grande, que debemos poner en valor y valorar.

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