“Desahogo”, por Pedro Molina Alcántara.

Pedro Molina Alcántara.

Anteayer 17 de enero de 2021 se cumplieron 25 años del secuestro de José Antonio Ortega Lara a manos de la ya extinta banda terrorista ETA. Fue el secuestro más largo de la Historia de España que yo sepa, pues si no me bailan los números, duró 532 días -que se dice pronto-. Año y medio casi. El trato que esta persona recibió fue  más inhumano si cabe que si lo hubiesen asesinado de un balazo en la nuca. La banda asesina creo que se superó a sí misma en esta ocasión en crueldad. Y eso que el listón estaba muy alto. He visto decenas de veces en documentales y reportajes las imágenes en las que un operativo de la Guardia Civil lo rescató el 1 de julio de 1997 y siempre lloro de emoción como si lo viese por primera vez.

Bueno, pues resulta que anteayer, durante el transcurso de una conversación informal; se puso en tela de juicio mi empatía con las víctimas de terrorismo y, en general, con las víctimas de delitos graves. Quiero compartir esto con vosotros, amigas y amigos lectores. Como he dicho, la conversación era distendida y, lo que es más importante, no tengo que justificarme de nada, pero resulta que me apetece: mi compromiso con la democracia, los derechos humanos, la Constitución y el Estado de Derecho es a prueba de bombas -nucleares-.

Termino diciendo que el león se ha despertado. El Pedro de 2021 no va a ser tan diplomático como el anterior. No voy a decir esa expresión tan manida de: “soy políticamente incorrecto”, porque me parece hasta cursi, un eufemismo, una forma alternativa de ser “políticamente correcto”. Seré el mismo de siempre, sí; y no buscaré la gresca dialéctica si no me provocan. Ahora bien, me reservo el derecho de sacar al macarra que llevo dentro si me tocan las narices y no evitaré el lanzamiento de mis mejores dardos verbales envenenados. He dicho.

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