“Deconstrucción del estado social”, por Francisco Estepa Vílchez.

Francisco Estepa Vílchez.

Creo que muy pocas personas podrán poner en duda que España no habría podido afrontar igual la pandemia de la COVID-19 si no hubiese contado con un sistema sanitario público de primer nivel mundial y esto ha sido gracias al esfuerzo durante muchos años para dotarnos de las mejores infraestructuras y formar a los mejores sanitarios. Han sido muchos años en los que políticas progresistas que intentaban construir una buena sanidad pública con buenos profesionales, se enfrentaban a otras políticas liberales que han intentado frenarla e impulsado la sanidad privada, elitista y que ante patologías crónicas o poco rentables, mira hacia otra parte.

Es tremendamente incomprensible ver como algunas personas exigen mejor sanidad, educación, carreteras o una justicia más rápida, mientras su voto va a quienes ideológicamente quieren reducir lo público a su mínima expresión bajo la bandera de recortar impuestos, que suponen por ejemplo, el recorte de plazas en la educación pública, como las 56 aulas de educación primaria, 92 en colegios y 22 en institutos que serán suprimidas por Díaz Ayuso para el curso 2021-2022 o las 105 unidades de infantil y primaria suprimidas por Moreno Bonilla en la provincia de Jaén y que repercutirán en el futuro de cientos de profesores y estudiantes en donde gobierna el Partido Popular en solitario y con Ciudadanos.

En España faltan unos 31.000 profesores en el sistema público de educación para cumplir la ratio de 20 alumnos por aula, que implicaría una mejor calidad de la enseñanza pública, pero sin embargo muchos votantes no reflexionan sobre esta cuestión cuando deciden su voto. Al igual ocurre con el sistema sanitario público, del que aplaudimos a los sanitarios, pero a la hora de votar se les da la espalda y se les obliga a buscar trabajo lejos de España. ¿De qué sirve invertir 100 millones en el Hospital Isabel Zendal (el doble del presupuesto), si la Comunidad de Madrid no contrata personal sanitario suficiente?

Nuestros derechos cuestan dinero y disfrutar de una sanidad, educación o servicios a la dependencia de calidad para nuestra familia, se financia con los impuestos de todos, impuestos que cuando se recortan, lo que se recortan son derechos, pero quienes votan los recortes de impuestos les da igual los derechos de los demás. Del precio que nuestra sociedad esté dispuesta a pagar mediante los impuestos, dependerá el valor de nuestros derechos, por ello quienes no creen en los derechos y si en los privilegios, defienden un estado liberal con la bajada de impuestos y la deconstrucción del estado social que nuestros padres y abuelos nos han dejado.

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