“Debatir, es política”, por Francisco Estepa Vílchez.

Francisco Estepa Vílchez.

No me da ningún miedo debatir sobre política con quienes piensan diferente a mí, incluso con quienes estarían dispuestos a fusilarme, si tuviesen la oportunidad. Yo tengo mis convicciones democráticas bien firmes y tengo muy claro lo que es bueno o malo para la igualdad y la libertad. Mientras hace 10 años conseguimos que ETA dejase las armas, hoy tenemos una parte de la ultraderecha que estaría dispuesta a volver a tomarlas.

A algunos, como al señor Casado, se les llena de boca de Democracia y Constitución, pero se niega a renovar el Consejo General del Poder Judicial, evitando el diálogo parlamentario con otros representantes legítimos del pueblo español, tan legítimos como los elegidos por los votantes del Partido Popular, aunque estén en partidos políticos con menos diputados o senadores que los dos grandes partidos de España. Es curioso, como parece que al PP le gustaría restaurar el bipartidismo en España, donde no tiene mayoría, mientras está cómodo con Ciudadanos y la extrema derecha en Andalucía, con los que si la tiene.

Tampoco me resultan agradables algunas de las actuaciones de Unidas Podemos, cerrando la puerta a cualquier negociación o diálogo con Ciudadanos y alimentando “la España de los dos bandos”, de la que debemos de alejarnos.

Hay cuestiones en las que la derecha y la izquierda nunca se pondrán de acuerdo y para esos temas, la palabra la tiene el pueblo español que con su voto expresa hacia donde quiere que vaya la política más difícil de pactar. Pero hay muchas cuestiones en las que hay espacio para la negociación, el diálogo y el acuerdo parlamentario, puesto que cuando una Ley se aprueba con un gran consenso, tiene asegurada una larga vida.

En educación tenemos un claro ejemplo de lo difícil que es hacer una Ley de gran consenso, ya que en nuestra España de hoy, existe una gran diferencia de pensamiento entre quienes quieren un sistema público universal y de calidad, frente a quienes quieren que una parte del dinero público se destine a la educación privada concertada y todo lo que ella representa y significa. Son dos modelos que nos tienen muy divididos a los españoles y yo respeto a quienes ven en lo público una amenaza para su forma de vida, pero como he dicho, mis convicciones son firmes y puedo debatir con todo el mundo.

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