“Curar el envejecimiento”, por Carolina Gutiérrez Montero.

Carolina Gutiérrez Montero.

Carolina Gutiérrez Montero (investigadora biomédica)
No piensen que les voy a hablar aquí de ninguna crema maravillosa que nos ayude a reducir las arrugas, ni de un serum corporal efecto lifting que nos deje el cuerpo terso sin rastro alguno de nuestra edad real… esto será historia dentro de unos pocos años. De lo que se trata es de permanecer siempre jóvenes, de acabar con el envejecimiento.

El mayor factor de riesgo para cualquier enfermedad es el envejecimiento. De hecho la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha declarado a un conjunto de enfermedades como “enfermedades asociadas al envejecimiento”. Esto es lo importante y no las cremas: debemos entender el proceso del envejecimiento para poder entender el desarrollo de la enfermedad.

Esta semana he tenido el lujo de poder acudir a dos conferencias centradas en este tema, con dos vertientes cada una acorde a los ponentes respectivos. Por un lado la  Asociación Española de la Singularidad organizó una Conferencia cuyo ponente fue el profesor José Luis Cordeiro, Ingeniero del Instituto de Tecnología de Massachusetts, Vicepresidente de Humanity+ y autor de diversos libros entre los que destaca el recientemente publicado La muerte de la muerte. Por otro lado, la Lección Conmemorativa Anual que celebra el Hospital Ramón y Cajal, corrió a cargo este año del profesor Juan Carlos Izpisúa Belmonte, Bioquímico experto en Biología del Desarrollo y Medicina Regenerativa y Director del Laboratorio de Expresión Genética del Instituto Salk de San Diego.

Escuchar a ambos maestros fue un acercamiento total y real a que la cura del envejecimiento está más cerca que nunca. José Luis Cordeiro, con un toque más provocador característico de los grandes genios, nos detalló cómo los grandes avances científicos y tecnológicos que se han producido, se están produciendo y se producirán, nos permitirán no solo frenar y curar el envejecimiento sino poner freno a la muerte. Está convencido que la inmortalidad será una realidad alrededor del año 2050.

Enfermedades como el cáncer y el Alzheimer verán su fin y la mortalidad será una cosa opcional. Todo es cuestión de seguir avanzando desde un punto de vista científico y tecnológico.

Y para eso tenemos grupos de investigación como el del profesor Izpisúa. Un orgullo de investigador español, que lidera uno de los laboratorios más importantes del mundo centrado en entender todo lo que rodea al proceso del envejecimiento. Sus líneas de investigación están basadas en estrategias celulares y en estrategias genéticas y epigenéticas.

Dentro de sus trabajos basados en estrategias celulares se han centrado sobre todo en conseguir el desarrollo de células específicas, tejidos y órganos a partir de células no diferenciadas como son las células madre embrionarias o las células madre pluripotenciales. El problema está según el profesor Izpisúa en que han conseguido un desarrollo celular adecuado pero no una funcionalidad completa de esa célula. Por otro lado, mediante la creación de quimeras rata/ratón, han logrado que en las ratas crezca con una manipulación adecuada en el momento del desarrollo embrionario, órganos de ratón. Consiguen animales quiméricos, funcionales y que viven perfectamente. Estos trabajos reproducidos en cerdos y en monos pero esta vez con la implantación en los blastocistos de células humanas están intentando poner luz y ayudar a comprender el proceso de envejecimiento. A conocer si hay órganos específicos que controlan el envejecimiento o si en todos se produce a la vez. A responder a la pregunta de ¿quién dirige el envejecimiento realmente?

Como decía el profesor Izpisúa, si se conociese por ejemplo la existencia de determinadas mutaciones asociadas al envejecimiento se podrían intentar modificar en las células de determinados órganos que incluso podrían trasplantarse a otra persona. Y aquí se plantearía la pregunta, si el receptor de este órgano modificado pudiese vivir más años, ¿este órgano modificado sería viable y le seguiría funcionando?.

Por otro lado, el grupo de Izpisúa trabaja en el campo de la genética y epigenética como vía para entender y frenar el envejecimiento. Nos recuerda la importancia de los dos tipos de ADN que encontramos en nuestras células y que puede sufrir modificaciones: ADN mitocondrial y ADN nuclear. Cambios en los dos tipos de ADN se asocian con síndromes y enfermedades, muchas de ellas incompatibles con un desarrollo normal o incluso con organismos no viables.

Ensayos de modificación genética permiten corregir estos cambios para prevenir el desarrollo de estas enfermedades o síndromes, alguno de ellos en concreto se asocia con envejecimiento prematuro como es el caso del Síndrome de Hutchinson-Gilford. Las personas que presentan este síndrome producido por una mutación en el gen LMNA tienen un envejecimiento acelerado. Pues bien, la corrección de esta mutación se traduce en una normalización del proceso de envejecimiento.

En cada una de nuestras células encontramos una secuencia de ADN igual en todas ellas, sin embargo, el epigenoma es el conjunto de compuestos químicos que modifican o marcan el genoma de manera que le dice qué hacer, dónde hacerlo y cuándo hacerlo. Y esto es muy importante porque células diferentes tienen diferentes marcas epigenéticas. Cuando decimos que el ambiente puede modificar nuestro genoma, lo que realmente está cambiando es nuestro epigenoma. Las marcas epigenéticas, que no forman parte del ADN pueden ser transmitidas de una célula a otra durante la división celular, y de una generación a otra.

Se ha visto que cambios en el epigenoma se traducen en un proceso de rejuvenecimiento. La clave por tanto parece estar en no tocar el genoma sino modificar solo el epigenoma.

Solo con el avance de la ciencia y el desarrollo tecnológico que permite que las investigaciones puedan hacerse cada vez más rápido y mejor conseguiremos curar el envejecimiento. Solo depende de tiempo, pero más tarde o más temprano conseguiremos vivir siempre jóvenes.

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