“Cuidadoras: el apoyo de nuestros dependientes; la lucha por un trabajo digno”, por Carmen Vicente.

Carmen Vicente.

“Sin los ancianos, el mundo parecería una escuela de párvulos”, nos decía Rosalía de Castro. Y yo pregunto: sin sus cuidadoras… ¿qué sería de nuestros ancianos?

He de confesar que llevaba tiempo queriendo tratar este tema. Pero quería hacerlo desde dentro, y que ellas (las propias cuidadoras), fueran la voz escrita de este artículo. Así que he estado aquí y allá escuchando los problemas con los que tienen que lidiar a diario.

Las trabajadoras del SAD (Servicio de Ayuda a Domicilio), son trabajadoras sociales con titulación en auxiliar de geriatría, dedicadas al cuidado de personas mayores y dependientes.

Las Auxiliares (cuidadoras) de Ayuda a Domicilio son profesionales vocacionales, que trabajan desde el respeto al usuario.

La dedicación de estas cuidadoras supone la atención en la higiene, ayuda físico-motriz, preparación de comidas, control de la medicación, acompañamiento, llevar al médico o solicitar cita médica si empeora su estado de salud, cuidado de la ropa, detección de situaciones de riesgo en la vivienda… En definitiva: que reciban una correcta atención personal.

El SAD comenzó siendo un servicio social público catalogado como prioritario. Sin embargo, el desarrollo y aplicación por parte de las instituciones, fue relegando el término público hasta algo casi anecdótico. Realmente, lejos de ser un servicio público, ha acabado siendo un servicio externalizado y gestionado por empresas privadas, que anteponen sus beneficios económicos a las necesidades o salarios de las trabajadoras e, incluso, al bienestar del usuario.

Muchas de las grandes empresas dedicadas a la construcción, una vez que surgió la burbuja inmobiliaria, derivaron sus negocios al ámbito de lo público, invirtiendo entre otras cosas al cuidado de nuestros mayores (esto da un poquito de miedo, ¿no?).

¿Y cómo se realiza la elección de la empresa que lo debe gestionar? Veamos cómo funciona esto: Cada cierto tiempo, generalmente un período de tres años, las Diputaciones y/o ayuntamientos hacen una licitación de estos servicios. En ella, las empresas estipulan (a la baja) un precio por hora de trabajo para llevarse la licitación. Hablando claro: las empresas “mercadean” con el salario de sus trabajadoras.

La que mayor beneficios obtiene de ello es CLECE, del grupo ACS, cuyo mayor accionista es Florentino Pérez, presidente del Real Madrid. Le sigue Valoriza, de Sacyr Vallehermoso e Ingesan de OHL.

Y una vez obtenida la licitación, me pregunto quién controla el servicio que dan, porque… ¿Cómo es posible que haya casos en los que se estipule un horario de 30 minutos? Tan solo media hora para asear, vestir y dar de comer a una persona dependiente ¿Dónde están los Servicios Sociales, ayuntamientos o Diputación cuando, como en estos casos, se dejan desamparados a trabajadora y usuario?

He asistido, una y otra vez, a las quejas de estas trabajadoras con respecto a sus nóminas que, de forma demasiado habitual, se encuentran con una falta de dinero a ingresar. Curiosamente, siempre que se reclama y es revisado, se las da la razón, reconociendo con ello este “error” administrativo.

Así que se encuentran con que, no solo deben aguantar que algunas de estas empresas hagan negocio con su salario, sino que se ven obligadas a reclamar asiduamente lo que ganan con esfuerzo día a día.

Se calcula que estas empleadas pierden alrededor de una hora diaria en desplazamientos… que no cobran. Conseguir que esas 20-22 horas mensuales entren en nómina, es una de las luchas que año tras año pierden ante las empresas.

A eso hay que sumarle que tienen un tope de horas asignadas (no pueden trabajar más de 6 horas al día), según las empresas, para poder desempeñar mejor el trabajo hacia el usuario, cosa que es una contradicción puesto que hay casos, como conté anteriormente, en los que solo designan media hora para la atención al dependiente.

Son 6 horas diarias que nunca lo son. ¿A qué me refiero? Pues a qué, en muchas ocasiones, deben quedarse más tiempo del estipulado (sin cobrarlo) para atender en condiciones a sus usuarios porque surgen problemas.

¿Qué pasa si les ocurre algo (recordemos que hablamos, en su casi totalidad, de ancianos) durante su horario asignado? ¿Se les deja con una subida o bajada de azúcar, o de tensión porque ya es la hora? No. Se quedan el tiempo necesario con ellos. No los dejan a su suerte. Y no lo pueden hacer, entre otras cosas, por una razón bien sencilla. Lo puedo decir más alto pero no más claro: PORQUE ELLAS TIENEN EL CORAZÓN DEL QUE ELLOS CARECEN.

Tal vez para la empresa, tanto el empleado como el usuario, sean solo números. Pero para estas mujeres, sus usuarios son seres humanos. Y en los pueblos, además, son vecinos, amigos, familia…

El despropósito de algunas empresas y la falta de control por parte de Servicios Sociales, ayuntamientos y Diputación, no es un despropósito sólo hacia las trabajadoras, sino también hacia los usuarios.

La cuestión es que, ya sea por un motivo u otro, ellas siempre pierden.

Pero no todas las situaciones que soportan vienen del área empresarial, sino también del entorno familiar del usuario. Como quienes exigen que a su familiar se le atienda de ésta u otra forma, no dejando a la cuidadora (que es una profesional, con una titulación geriátrica) realizar su tarea de manera adecuada. Ellas saben cómo deben asearles, cómo deben levantarles o acostarles, así que si en verdad quieren el mejor trato para su familiar, deberían dejarlas trabajar libremente.

O como quienes piden que se les haga las tareas de su hogar, dejando en segundo plano el cuidado del dependiente.

Una cuidadora no es una empleada de hogar, ni es responsable de servir a la familia de esa casa. Una cuidadora es responsable de su paciente, y sus funciones son todas las relacionadas con el cuidado de su paciente. Por consiguiente, las cuidadoras no son las encargadas de suplir a una empleada de hogar.

Hay una frase que está en la sociedad y que las duele especialmente, y es esa manera cruel de calificar su trabajo como el de “limpiar culos”. A esas personas las diré lo que para los usuarios significa el trabajo de quienes les cuidan:

Significa la movilidad de quien ha tenido un ictus, o de quien debe soportar una enfermedad degenerativa. Significa la memoria de quién sufre de Alzheimer, el cariño y compañía en la soledad (más de 850.000 personas mayores de 80 años, viven solas en España). Significa poder tener, no sólo ellos, sino con ello también los hijos, una vida plena. Pero sobretodo, son profesionales que dedican su vida a cuidar la de otros, y merecen nuestro respeto y admiración.

De todos los ratos que he pasado con estas enormes y luchadoras mujeres, me quedo con muchas cosas. Todas buenas. Pero hubo una frase de una de ellas, que se me quedó grabado a fuego: “cuidar a los ancianos me ha dado vida”. Y puede parecer una contradicción, pero creo entender lo que quería expresar: nosotros también necesitamos de ellos.

Ojalá puedan tener lo que se merecen, (que no piden más) y, si están dispuestas a luchar por ello, yo seré una de las personas que estará ahí, apoyando su causa.

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