“¿Cuándo se jodió el Perú?”

“¿Cuándo se jodió el Perú?”

“¿Cuándo se jodió el Perú?” es una frase que puede leerse en Conversación en la catedral de Mario Vargas Llosa y que se ha convertido en el lamento histórico de una nación en cuya historia merece la pena detenerse.

Con la llegada de Francisco Sagasti a la Presidencia –interina— del país andino, se encadenan cuatro presidentes en cuatro años. Se confirma, así, el periodo de la historia reciente de mayor inestabilidad política de Perú.

A excepción del recientemente dimitido Manuel Moreno y el ya fallecido Valentín Paniagua, los demás de los seis últimos jefes de Estado se han visto salpicados por casos de corrupción. Todos ellos por la red de sobornos de la constructora Odebrecht.

El Congreso de Perú, con 105 votos favorables, destituyó a Martín Vizarra el pasado 9 de noviembre. Antes ya se habían producido varios intentos en algo más de un año. Se le cesó por su “incapacidad moral” para ejercer el cargo después de la acusación de haber recibido sobornos por valor de alrededor de 500.000 euros. A cambio, contratos públicos cuando era gobernador de Moquegua, entre 2011 y 2014.

Había accedido a la Presidencia del país en 2018. Pedro Pablo Kuczynski había dimitido poco antes cuando los diputados preparaban una segunda votación para su cese. También se le acusaba de delitos de corrupción.

Vizcarra no ha sido todavía imputado por esos presuntos delitos, pero el ejercicio de su cargo contaba con numerosos obstáculos. Peruanos por el Cambio (PPK), el partido por el que se presentó junto a Kuczynski, se había disuelto después que la dimisión de éste. Por tanto, ni siquiera tenía bancada propia.

Ante la imposibilidad de gobernar, por un presunto sabotaje en su contra, disolvió el Congreso y convocó elecciones parlamentarias en enero 2020.

Un Congreso en Perú muy fragmentado

La fragmentación del espectro político en el parlamento peruano dejó al entonces presidente prácticamente en la misma situación. La opositora Fuerza Popular y el resto de fujimoristas sufrieron un duro golpe, pero los partidos conservadores dominaban la Cámara.

La renuncia de Vizcarra trajo a Manuel Merino como jefe del Estado. En cambio, su llegada no fue bien recibida en varias ciudades de Perú, sobre todo en Lima, la capital. Se encontró con manifestaciones multitudinarias contra las maniobras del Congreso.

Las protestas dejaron dos manifestantes muertos y un centenar de heridos a causa de la violencia policial. Los hechos precipitaron la caída del presidente. En definitiva, había llegado a la presidencia en su calidad de máxima autoridad del Congreso.

No en vano, apenas había congregado en torno a sí el 0,02% de los votos en las elecciones parlamentarias de 2020. Tan solo lo avalaban 5.271 votos en el departamento de Tumbes.

Vizcarra había renunciado en setiembre, tras ser acusado de tráfico de influencias por la contratación irregular del cantante Richard Cisneros.

La cuestión es que la figura jurídica de la vacante presidencial se viene convirtiendo en un recurrente instrumento dentro del Congreso. Sólo se necesita el respaldo del 20% de los parlamentarios.

Antes, se debe conseguir el 40% (52 diputados) para que la propuesta de una moción de censura se admita a trámite. Si el 66% del Congreso vota a favor, la moción sale adelante. Esto es, 87 parlamentarios de los 130 que forman parte del pleno.

Desde 2000, ningún partido ha logrado más del 40% de diputados

La gobernabilidad es muy complicada en países como Perú, Ecuador o Venezuela, con un régimen presidencialista, pero con un sistema unicameral que otorga al Congreso un inmenso poder. Las decisiones tomadas en sede parlamentaria no pasan por el control del Senado.

Desde el año 2000, en el país andino ningún partido cuenta con más del 40% de los escaños, lo que hace extremadamente complejo conseguir mayorías. La situación propicia una suerte de corruptelas a todos los niveles, incluso a la compra de votos.

A ello se une la disconformidad que un importante número de electores. Prueba de ello es que en las últimas elecciones parlamentarias, unos diez millones de peruanos no acudieron a las urnas o votaron en blanco.

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