Conmoción y tristeza por la muerte de Antonio Fraguas ‘Forges’

Conmoción y tristeza por la muerte de Antonio Fraguas 'Forges'

Tenía 76 años y fue quien mejor dibujó la España de los últimos 50 años.
Se llamaba Antonio Fraguas de Pablo, pero todos le conocíamos como Forges. Falleció en la madrugada de ayer víctima de un cáncer de páncreas con 76 años. Maldito cáncer, malditas guerras. Creó numerosos personajes reflejo de la sociedad española que forman parte, ya, del inconsciente y el imaginario colectivo español. Desde Mariano, un burgués frustrado representante de la conciencia represiva, que lo dejó de utilizar para no confundirlo con el actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; las viejas del pueblo con grandes habilidades informáticas que comentan la actualidad social y política nacional e internacional; el funcionario con pensamientos profundos, como aquel recostado en su silla y con una pierna sobre su mesa que comenta: “Ganas tengo de que llegue la Semana Santa… Cómo estaré de agotado que ya sólo pongo una pierna en la mesa”; los jefes que explotan a sus trabajadores, los políticos corruptos, el cierrabares, los náufragos de la isla desierta, el obsesionado con los complots, los yuppies americanizados e idiotas, los becarios, don Quijote y Sancho Panza, los viejos de la España rural…
Forges se definió, en una entrevista con motivo del comienzo de su colaboración en el diario El País, como medio gallego y medio catalán –madre catalana y padre gallego-, nacido por accidente en Madrid y del Athletic. En esa entrevista, definiendo a los españoles, siempre con humor, ironía y cariño, dijo: “Somos un conjunto de pueblos bocazas. La cuenca mediterránea se distingue por eso. Somos ruidosos, charlatanes, largones, chamulleros y farfulladores. La fuerza se nos va por la boca por mucho que hinchemos las narices”. De cómo era, de cómo veía España, de cómo veía el mundo, basta con mirar, y entender, sus viñetas.
Era el segundo de nueve hermanos. Estudió en el instituto Cervantes de Madrid e ingeniería de telecomunicación, que no terminó, y Ciencias Sociales. Con 14 años empezó a trabajar como técnico de telecine en TVE y con 20 años como mezclador de imagen. En 1973 decidió dedicarse profesionalmente al humor gráfico, pero ya en 1964 publicó su primer dibujo en el diario Pueblo, y en 1967 comenzó a colaborar con Informaciones. Numerosas publicaciones, además de las mencionadas, han contado con sus dibujos, desde Hermano Lobo, El Jueves, Por Favor, Interviú, Lecturas, Diez Minutos, Diario 16, El Mundo y, desde 1995, El País. Fue distinguido con la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 2007 y la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en 2011, el mismo año en el que se le otorgó el Premio Ondas Mediterráneas. En 2014 recibió el Premio Internacional Quevedos a toda una vida de humorista gráfico y ese mismo año fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Miguel Hernández de Elche. En 2016 lo fue por la de Alcalá de Henares. Escribió una novela, dirigió dos películas y cuatro series de humor en televisión, además de participar en varios programas de radio y dirigir el programa de televisión en La 2 de TVE, Pecadores impequeibols. Fue inventor de palabras y modismos léxicos como gensanta, stupendo, firulillo, esborcio, gürtélido, tontolcool, muslamen… y bocata, porque “no le entraba en el bocadillo” de la viñeta la palabra “bocadillo”. Ah, pero no te olvides de Haití.

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