“Condenados”, por Francisco Estepa Vílchez.

Francisco Estepa Vílchez.

Parece que los graves disturbios callejeros de estos días están eclipsando el juicio de Bárcenas y su relación con ese partido político que ha puesto a la venta su sede nacional en la que el dinero negro viajaba en sobres hasta altos dirigentes políticos. Que en un país democrático como España se condene a músicos, pienso que no significa “que en España no hay plena normalidad democrática”, como interpreta el señor Iglesias, Vicepresidente del Gobierno, sino todo lo contrario y también se condena a empresarios, políticos, policías, curas o jueces. Tal vez, de tanto estudiar las teorías comunistas, se llegue a tener una visión muy particular de lo que debe ser la “plena normalidad democrática”.

En España tenemos instituciones que garantizan el cumplimiento de nuestra Constitución, o que se lo pregunten a los condenados en Cataluña por violar las leyes en su afán de independencia o a todos esos ministros que acompañaron a Aznar y que ya han pasado por la cárcel o incluso el anterior Jefe del Estado está siendo investigado por la Fiscalía del Tribunal Supremo. Es verdad, que seguro que habrá muchas personas que estén de acuerdo con el señor Iglesias sobre que no hay plena normalidad democrática cuando ven que la propiedad privada no es respetada por quienes ocupan las viviendas de otras personas y las extorsionan para abandonarlas, amparadas por las leyes, pero son las leyes que tenemos y que desde el Congreso de los Diputados podemos cambiar, con normalidad democrática.

En un Estado Constitucional y de Derecho, nadie está por encima de la ley, aunque habrá quien piense que por hacerlo cantando, en verso o pintando, puede hacer cosas que el resto de personas, saben que no pueden hacer. Cuando un religioso abusa de un menor, no se puede amparar en ninguna excusa o en su comunidad para quedar impune o cuando un policía da una paliza en un bar a un ciudadano y a su hija, tampoco se puede amparar en su placa. Todos estamos sometidos a la Ley, incluso los artistas y los periodistas, con todas las garantías procesales.

Me resulta chocante que para algunas personas, les parezca bien que un rapero cante lo que a ellas les gusta, pero condenen lo que cantan los nostálgicos de la División Azul que lucharon junto a los nazis en la Unión Soviética, y al contrario. La música o el arte, no pueden ser la coartada de ladrones, violadores, maltratadores, anarquistas, fascistas o cualquiera que quiera violar la Ley.

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