Comer pensando en nuestras bacterias

Carolina Gutiérrez Montero.

Por Carolina Gutiérrez Montero (investigadora biomédica)
El pasado jueves 12 de julio tuvo lugar la Conferencia mensual de la Asociación Española de la Singularidad con un título muy sugerente: ¿Somos lo que comemos?, la comida del futuro.
La ponente fue la doctora Rosa del Campo, investigadora del Servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal, que nos acercó al apasionante mundo de la microbiota humana y al impacto que tiene nuestra alimentación en ella.
La microbiota humana es el conjunto de comunidades complejas de microorganismos que viven e interactúan con el hospedador (bacterias, virus, archeas, parásitos y hongos). En nuestro caso se localizan principalmente en el intestino, aunque también podemos encontrarlas en la piel, tracto respiratorio y tracto genitourinario.
Siempre hemos tenido la tendencia a pensar que todos estos microorganismos tenían un efecto perjudicial sobre nosotros y que había que acabar con ellos haciéndoles frente con nuestro sistema inmune. Sin embargo, este paradigma ha cambiado ya que se ha demostrado que existen microorganismos que conviven con nosotros y que nos aportan un efecto beneficioso.
Se sabe que la microbiota humana sufre un proceso denominado efecto fundador y que consiste en que la microbiota materna se implanta en el recién nacido bien durante el parto o incluso durante la lactancia materna. No obstante, esta microbiota inicial puede verse alterada a lo largo de la vida por diferentes factores.
La microbiota juega un papel muy importante en diferentes aspectos: metabólico, protectivo y estructural. Desde el punto de vista metabólico nos ayuda a hacer la digestión de los alimentos, a la fermentación de substratos no digeribles y a la producción de ácidos grasos de cadena corta. A su vez juega un papel importantísimo en la inmunidad y control de la inflamación y nos sirve de barrera protectiva. Sin olvidar por supuesto su papel como fuente de energía y vitaminas.
Si bien todo esto es sumamente importante, una de las grandes revoluciones de la microbiota ha sido, tal y como nos comentó nuestra ponente, la relación encontrada entre la misma y la enfermedad. Recientes publicaciones han puesto de manifiesto cómo determinadas microbiotas se asocian con algunas enfermedades: colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, trastornos del sistema nervioso (ansiedad, depresión), desordenes inmunológicos, enfermedades hepáticas, diarrea por uso de antibióticos y obesidad.
El papel que puede jugar la alteración de la microbiota en estas enfermedades será fundamental y esta su vez se puede ver alterada por la ingesta de un tipo u otro de dieta. Por ello es tan importante como decía el título de la conferencia, lo que comemos.
Cuando elegimos nuestra dieta muchas veces no pensamos en si nos va a ir bien o no, simplemente nos guiamos generalmente según lo apetecible o sugerente que parezca el alimento presentado, pero no pensamos en nuestras bacterias, en el efecto que pueda tener sobre nuestra microbiota, y por tanto sobre nuestra salud.
Por otro lado, nos planteó cuál podría ser la nueva alimentación del futuro. Según las previsiones de la ONU en el año 2050 o incluso antes tendremos una superpoblación mundial que podría conducir a una escasez de alimentos. Esta situación nos lleva a replantearnos un escenario en el que quizá tengamos que recurrir a otro tipo de alimentos, incluso a aquellos creados artificialmente.
Los científicos haciendo uso de los avances tecnológicos trabajan hoy en lo que podría ser la comida del futuro. Las impresoras 3D están siendo utilizadas por algunas empresas para crear carne capa a capa, a partir de células extraídas de un animal mediante una biopsia. Otra empresa ha conseguido a partir de células madre de vaca crear carne en un laboratorio, y han presentado de esta manera la primera hamburguesa creada in vitro.
La creación de huevos y mayonesa vegetal a partir de una mezcla de colza, lecitina y resinas naturales ha sido otro de los logros con los que nos podremos encontrar en un futuro no muy lejano entre nuestra dieta.
Y quizá serán las algas y las microalgas las que cobren una gran importancia en la elaboración de futuros alimentos, cuando consigamos perfeccionar los mecanismos de encapsulación.
Sin olvidarnos por supuesto de los insectos que ya son una realidad presente, que tienen un alto grado proteico y que ya pueden encontrarse libre y legalmente en los supermercados de nuestro país.
En toda esta alimentación del futuro jugarán un papel muy importante los avances tecnológicos, no sólo en el diseño específico de los alimentos, sino en el control agrícola. De esta manera veremos sobrevolar nuestros cielos a drones que recojan toda la información de las producciones agrarias; a plantas con sistemas de riego controlados por sensores que envíen información sobre el estado hídrico junto con las previsiones meteorológicas que indiquen el momento más óptimo de riego, recogida… y podremos disponer de cultivos hidropónicos (cultivos en tierras inertes a los que se les suministre las cantidades de agua y sales minerales para su crecimiento).
Mientras que todo esto llega, esperando a los alimentos del futuro, pensemos en lo que comemos actualmente y en el efecto que nuestra alimentación pueda tener sobre nuestra microbiota. Cuidar de ella, es cuidar un poco más de nuestra salud.
Con todo lo aprendido, en un futuro no muy lejano, nuestros alimentos serán diseñados con todo lo bueno que necesita nuestro organismo en general y nuestra microbiota en particular, lo que nos ayudará a tener una vida más saludable y quizá más longeva.

De nuevo los avances tecnológicos al servicio de conseguirnos una vida mejor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.