Cientos de farmacias, en peligro de extinción, especialmente en las zonas rurales, por falta de apoyo y la aplicación de las subastas

Cientos de farmacias, en peligro de extinción, especialmente en las zonas rurales, por falta de apoyo y la aplicación de las subastas

La falta de apoyo y la aplicación de las subastas hacen que cientos de farmacias queden en peligro de extinción, en especial en las zonas rurales. Lo cierto es que la llegada de las subastas a algunas comunidades autónomas puede suponer una reducción de los márgenes que haga imposible asumir los costes fijos en algunas farmacias localizadas en la España vaciada. Un error de cálculo, una política lesiva, que podría hacer desaparecer a numerosas farmacias en aquellos lugares donde se las necesita.

Y así lo pone de manifiesto el diario El Mundo en un reportaje del que nos hacemos eco. Es el caso de Alcubilla de Avellaneda, un pueblo soriano de menos de 100 habitantes, donde Javier Carmona Martín, un farmacéutico rural que lleva sin vacaciones 14 de sus 50 años porque “nadie quiere venir aquí 15 días”, en una localidad que dista 23 kilómetros de su residencia en San Esteban de Gormaz. Una distancia que recorre, ida y vuelta, a diario, incluso aún a riesgo de su vida: “En enero tuve un accidente con el coche por pisar una placa de hielo y fue siniestro total, así que me subí a la farmacia con el panadero”, dijo.

Sus clientes son nonagenarios en su mayoría, quienes le agradecen su dedicación y atención a sus medicaciones con lechugas y productos de las cosechas.

Lo cierto es que “la situación es de ruina total”, señala Jaime Espolita, presidente de la Sociedad Española de Farmacéuticos Rurales, Sefar, quien advierte: “La farmacia rural, sobre todo en poblaciones de menos de 1.000 habitantes, está en peligro de extinción”. “Llevamos diez años diciéndolo –apunta-. Ahora se suman las nuevas medidas que está estudiando el Gobierno para racionalizar el gasto farmacéutico”, añade.

El 63,2% de las localidades españolas ha visto cómo, entre 2001 y 2018, su población se iba reduciendo. Y las previsiones apuntan a una pérdida de más de medio millón de habitantes en 2031, de acuerdo con datos del Ministerio de Política Territorial y Función Pública.

Los vecinos se marchan a las poblaciones donde residen sus hijos y nietos y pasan largas temporadas allí, pero, alerta Carmona, “quien se va, no vuelve”.

Dejando a un lado la España vaciada, en 2010 se fijó una modificación del sistema de precios de referencia y rebajas mensuales del precio los genéricos, señala Espolita. La situación de la farmacia rural se agravaría si se aplican nuevas medidas que el Gobierno está estudiando después de que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal, Airef, elaborara un informe que el Ejecutivo incluyó en el Plan de Estabilidad enviado a Bruselas.

La devolución al Sistema Nacional de Salud de descuentos o parte de los mismos que los laboratorios de genéricos aplican a las farmacias según el volumen o la implantación de una subasta nacional de medicamentos figuran entre las medidas que se analizan. “El Gobierno debería cuidarnos mejor”, comenta Carmona.

Y es que su establecimiento se encuentra en la provincia con más farmacias que facturan menos de 200.000 euros al año, al límite de la rentabilidad, las llamadas de viabilidad económica comprometida, VEC. En toda España han hay 880 farmacias de esta característica, siendo Castilla y León donde hay mayor proporción de ellas, un 14,1%, 229 establecimientos, y en Soria hay 18, lo que supone el 28,6%.

Pero, además, no solo las farmacias VEC están en peligro, sino que hay otras boticas rurales que sin llegar a ser VEC sufren una situación igualmente preocupante. De acuerdo con el Consejo General del Colegio Oficial de Farmacéuticos, COF, en España hay 22.071 farmacias, de las cuales 2.128 se encuentran en poblaciones con menos de mil habitantes. De ellas, 1.208 lo están en localidades con menos de 500 vecinos.

El farmacéutico rural en Castilla y León tiene la obligación de trabajar 30 horas semanales según la Ley de Farmacia de esta comunidad autónoma. El de Alcubilla de Avellaneda, Carmona, cumple con el requisito puesto que su horario es de 10 a 16 horas de lunes a viernes. Con todo, la mayoría del tiempo lo emplea cumplimentando albaranes y blísters o sistemas personalizados de dosificación para algunos pacientes por un acuerdo con la Diputación de Soria, a la que debe notificar con 15 días de antelación si debe faltar algún día.

Carmona sólo paga la calefacción en la farmacia, puesto que el local es del Ayuntamiento, a pesar de lo cual la cantidad económica, unos 600 euros, limpios que le quedan no son suficientes. Aunque, admite, “ser farmacéutico rural es profesionalmente lo mejor” que le ha pasado, reconoce que tiene la licencia de la farmacia en venta. Ha solicitado ir a Madrid ante la previsión de apertura de 42 establecimientos. Haber ejercido en una farmacia VEC le otorga puntos de ventaja.

A la situación se añade que esta población es la única de Soria, además de Recuerda, donde el médico no tiene acceso a la receta electrónica a causa de un error de la empresa que instalaba la antena.

Por supuesto no es la única población ni farmacia rural donde la situación es arriesgada. Raquel Casado Álvaro es farmacéutica en Buitrago de Lozoya, Madrid, de alrededor de 1.800 habitantes. Ella vive a 14 kilómetros y cada vez que hace guardia tiene que hacer una minimudanza con sus dos hijas y su marido, quien ha llegado, incluso, a obtener el título de auxiliar de farmacia.

“Cuando hago guardias, puedo estar sin librar 13 días, y no podemos dar un buen servicio sin buenas condiciones de trabajo y sin conciliar”, comenta, por lo que la robótica está acondicionada con colchones y sillones. Casado es vocal de Titulares de Farmacia Rural en el COF de Madrid y desde ahí pide horarios más flexibles.

“Lo malo de la proximidad a Madrid es que la gente está acostumbrada a establecimientos abiertos 24 horas. Tenemos el mismo horario de apertura de Madrid, pero la gente no entiende correctamente el sentido del servicio de urgencia”, añade. Está previsto que el horario cambie con la aprobación de la nueva Ley de Farmacia, rebajando las horas semanales de 40 a 35 para las farmacias rurales, algo que hasta ahora no ha salido por “interés político”, lamenta.

La situación no es mejor en Castellón, donde hay 39 farmacias VEC. En Alcudia de Veo, una población con 211 habitantes censados y 80 reales, Mónica Gonzalvo Monfort compatibiliza dos trabajos. “Por la tarde estoy en una farmacia a Castellón y soy profesora asociada de Farmacia en la Universidad de Valencia”, indica. Aún así, no es rentable. “Facturo unos 80.000 euros. Aunque me gusta la farmacia rurales, está intentando venderla”. La situación es tal que envió, junto a otros farmacéuticos rurales, una carta a la Consejería de Sanidad de la Generalitat Valenciana pidiendo un sueldo digno y la exención del pago de alquiler, luz y agua.

Otro gran problema, esta vez nacional, es el desabastecimiento de fármacos, algo que se vuelve acuciante en determinadas poblaciones aisladas, como el caso de Urdax, en Navarra, en la frontera con Francia, con 350 habitantes y dos farmacias separadas por unos tres kilómetros. Miren Oyarzábal regenta una de ellas, la que está al lado de la consulta. La otra está en la zona comercial. “Tenemos sólo un reparto diario de fármacos, y a veces llega tarde… Si me voy de vacaciones –una semana-, cierro”, comenta.

En Puebla del Salvador, en Cuenca, José Vicenta Navarro lleva 20 años en una farmacia VEC y cree que la solución está en aplicar políticas de repoblación. Para él, la farmacia es “un servicio público” y por eso, dice, “tengo que estar”. Y ello a pesar de que, indica, “de guardia haciendo a seis poblaciones, pero pueden pasar días sin venir nadie”. Las boticas, en muchas ocasiones, son el único referente sanitario en kilómetros a la redonda, opina.

A veces se impone la necesidad de actuar más allá de la Ley de Garantías, que no permiten que se suministre el fármaco necesario a un paciente que no puede moverse y acercarse a la farmacia. Galicia y Madrid así lo contemplan en sus nuevas leyes de farmacia. A pesar de ello, en algunos pueblos de la comarca de Tierras Altas de Soria han llegado a contratar taxis para aquellos que no pueden desplazarse.

Es el caso de Villar del Río, una localidad sin farmacéutico desde hace más de un año, cuando Alberto García de Castro abrió una farmacia en Villanueva del Pardillo, Madrid. “Fueron años muy duros, haciendo guardias para once pueblos, algunos deshabitados”, rememora.

Ahora, el farmacéutico de San Pedro Manrique, a 13 kilómetros, atiende el servicio de Villar del Río, después de nueve meses sin servicio. Con todo, los villarenses confían en que la Administración convoque un concurso de farmacias por el cual se pueda abrir una en el pueblo.

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