Cayetana Álvarez de Toledo, cesada por Pablo Casado tras desafiar su autoridad

Cayetana Álvarez de Toledo, cesada por Pablo Casado tras desafiar su autoridad

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, ha cesado a la portavoz Cayetana Álvarez de Toledo por desafiar su autoridad, entorpecer la renovación de los órganos institucionales y corregir la deriva radical que estaban tomando los conservadores españoles.

Cayetana Álvarez de Toledo reúne todas las características imprescindibles para no dedicarse a la política. Deslealtad demostrada, escaso don de gentes, discursos recargados y posiciones inflexibles. Ya se lo advirtieron a Casado los barones conservadores. Era una bendición para el PSOE.

El detonante ha sido, sin duda, la entrevista del diario El País a la ya ex portavoz, en la que criticó la decisión de la Casa Real en relación al rey emérito. Además, desdeñó la estructura militar del PP. Todo un reto al liderazgo de Pablo Casado.

Cayetana Álvarez de Toledo no se moderó ni siquiera para dejar de criticar al presidente de su partido, Pablo Casado. Ayer, tras su destitución, le dirigió un dardo cargado de egocentrismo al señalar que las razones que esgrime “me parecen desdichadas”.

“Casado cree que mi concepción de la libertad es incompatible con su autoridad”, señaló a las puertas del Congreso como si fuera Juana de Arco. Deja pues una lista de despropósitos que han perjudicado, es verdad, a los intereses de su propio partido.

Cayetana Álvarez de Toledo no practica la lealtad

Lo cierto y verdad es que Álvarez de Toledo no practica precisamente la lealtad. Abandonó su partido dando un portazo y presumió públicamente de votar a Ciudadanos aun cuando militaba en el Partido Popular. Todo un caso.

La caída en desgracia de Cayetana Álvarez de Toledo forma parte de una reestructuración más profunda en la que tomarán las riendas Ana Pastor, por un lado, así como el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida como portavoz del PP y la incombustible Cuca Gamarra como portavoz parlamentaria.

Pablo Casado ha dejado claro, en cualquier caso, que desafiar su autoridad supone un coste muy alto para quien lo haga. Al tiempo, colma los intereses de los barones territoriales, hartos de los exabruptos barrocos de Cayetana y deseosos de que se impusiera un discurso más moderado.

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