Cataluña 2018

Juan Antonio Barrio de Penagos.

Por Juan Antonio Barrio de Penagos. Ex diputado nacional del PSOE.

Los resultados del 21D no permiten albergar muchas esperanzas, no ya de solución del conflicto, sino siquiera de alguna mejora en el mismo. La polarización que evidencian los mismos, es una primera lectura obvia. Analicemos los porqués:

  1. Ciudadanos gana las elecciones en votos y en escaños (36) pero la mayoría absoluta del independentismo (JXC + ERC + CUP: 70 escaños) le impide cualquier posibilidad de gobierno. Es pronto para saber si este resultado es precedente de un avance de C’s en el conjunto de España o fruto de la situación específica de Cataluña (como parece más probable). C’s es primera fuerza en las diez ciudades más pobladas de Cataluña y en bastantes zonas costeras (por la probable influencia del “proces” en la bajada del turismo en las mismas).
  2. Puigdemont y JXC (34 escaños) aparece como el otro gran beneficiario de la polarización. En el imaginario independentista, el exilio ha sido más valorados que la cárcel, y eso que el día 27 de octubre, Puigdemont, estuvo a punto de convocar unas elecciones “normales” y evitar así la aplicación del artículo 155 de la CE. No sólo la CUP se opuso a eso; también ERC en decisión de su ejecutiva amenazó con retirar todo apoyo. La paradoja es que no es nada difícil conjeturar que le hubiera ido mucho mejor a ERC en ese supuesto que en el actual. A pesar de los dos escaños perdidos por el conjunto del independentismo (70 frente a 72), la mayoría (66 escaños de JXC + ERC frente a los 65 de los no independentistas) hace que baste la abstención o no asistencia de la CUP, cosa que no pasaba en la anterior legislatura.
  3. ERC (32 escaños) aparece como derrotada frente a las expectativas, todas las encuestas le daban como ganador claro y desde luego por encima de JXC. Aunque solo haya dos escaños y once mil votos de diferencia, es indudable que la iniciativa del independentismo vuelve a Puigdemont aumentada y reforzada al menos provisionalmente, a la espera de la evolución de los procesos judiciales.
  4. PSC (17 escaños) la subida de un solo escaño es claramente decepcionante e inferior a la encuestas. La transversalidad, tender puentes, todo eso se lo ha llevado, al menos de momento, la polarización. La petición, reconocida como prematura, de indultos para los líderes independentistas, no ha jugado a favor, pero lo fundamental es el clima de enfrentamiento que ha favorecido a C’s como voto más útil antiseparatista.
  5. Catalunya en Comú Podem (8 escaños) la pérdida de tres escaños, también tiene que ver con la polarización, aquí reforzada por la “ambigüedad” de Ada Colau, no tan ambigua si recordamos la reciente ruptura con el PSC en el ayuntamiento de Barcelona. La idea de Carolina Bescansa sobre que la actitud de la dirección de Podemos en la periferia en general y en Cataluña en concreto, lejos de mejorar las expectativas allí, perjudicaban en el resto de España, se cumple en su primera parte (incidentalmente, sólo dos de los ocho diputados son de Podemos). Como diría Iñigo Errejón “aunque el árbitro sea necesario, en un Madrid-Barcelona, casi nadie está a favor del árbitro”.
  6. La CUP pierde 6 escaños y el grupo parlamentario pero todavía es decisiva para la mayoría absoluta. Pero no lo es, como señalábamos más arriba, para la mayoría simple. Sus condiciones, unilateralidad sobre todo, siguen ahí. Pero no parece que sean un obstáculo para votar la investidura de Puigdemont.
  7. El PP (4 escaños) desastre casi total, pierde 7 escaños y el grupo parlamentario. El candidato no era el mejor, algunas baladronadas innecesarias, fruto del pánico, han podido contribuir. Pero la inacción durante tanto tiempo, no cabe duda que está en el centro del malísimo resultado junto a los porrazos del 1 de octubre.

Y, ¿cuál es la consecuencia de este panorama? Nada apunta a una reconciliación y ni siquiera a una posible negociación. Las declaraciones exultantes y de pura exigencia por parte de Puigdemont en Bruselas, pidiendo la restitución y la liberación inmediata de los presos, no auguran nada bueno. Y el porvenir judicial tampoco. La investidura aparece cargada de incógnitas, y el más que probable candidato no va a aflojar. La peligrosa tentación “cuanto peor mejor” puede parecerle a él y a los suyos (cada vez más suyos, como Elsa Artadi, coordinadora de campaña y figura ascendente) peligrosamente atractiva. Reforzar las emociones identitarias por encima de la racionalidad, y no solo de la racionalidad, sino de cualquier idea de transversalidad o de afrontar las cuestiones sociales. Todo ello impide ser optimista sobre cualquier solución a corto plazo.

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