Editorial “Unilateralidad”

Se llama unilateralidad a saltase la ley por una supuesta legitimidad entendida sólo por una de las partes. La renuncia a la unilateralidad que anunció ayer Joan Tardà en el programa ´Al Rojo Vivo´ de La Sexta es un paso decisivo para que el proceso salga del callejón sin salida al que le ha llevado Puigdemont.
Un paso decisivo que se debe, según Tardà, al agotamiento de los independentistas. Para Tardà “el coche se nos ha quedado sin gasolina, hay que parar, repostar, antes de volver a seguir el camino hacia la república”.
Es evidente que la unilateralidad ha sido una decisión, no destinada a proclamar la República catalana, sino a estirar aún más la goma que les lleva a la secesión. La deslealtad proviene al menos del primer consenso de 1977.
Sin embargo, la renuncia a la unilateralidad significa que, agotados o no los independentistas, abren la puerta a buscar una salida a esta frivolidad histórica e histérica. El Gobierno de la Nación no puede volver a mirar para otro lado o a simplemente recordarnos la ley.
No me gusta aplicar el dicho de que “a enemigo que huye, puente de plata”. Pero qué bien le viene esta expresión al caso. Salvo que el PP les dinamite el puente para seguir entretenido en este debate estéril para todos los españoles.

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