Editorial “Riego”

 

Cada vez que visito la casa de Joaquín Leguina cruzo la Plaza de la Cebada. Y, cada vez que respiro los aires de aquellas calles me viene a la cabeza Rafael del Riego, ahorcado y decapitado en aquel espacio donde ahora se aloja el mercado que lleva el nombre de la lonja.
Hoy, siete de noviembre, se cumplen ciento noventa y cuatro años de la ejecución, injusta y vil, de Rafael del Riego, héroe de las libertades en España, paradigma del sacrificio político, prócer de la libertad.
Un país que ni recuerda, ni conoce, a Rafael del Riego, merecería, si no le quisiéramos, ser enterrado entre los huesos quebrados de sus más relevantes hombres y mujeres. Jurista y militar, su sangre derramada bien merece un recuerdo al menos desde esta pluma humilde.
En unos momentos donde la nación no se encuentra a sí misma. Cuando la deslealtad reside en la periferia y la torpeza en el centro, me viene a la memoria este personaje que siempre tendré unido a la Plaza de la Cebada de Madrid.
Jurista y militar, héroe de la Guerra Napoleónic a- mal llamada guerra de la independencia-, su deportación a París le hizo entrar en contacto con ideas liberales y organizaciones masonas. Quizás esta formación le hizo protagonizar un levantamiento liberal que llevó a Fernando VII a reconocer la Constitución y a abrir el período conocido como el Trienio Liberal (1820-1823).
Ahora también hay reaccionarios que quieren enterrar nuestras libertades. Unos por su escasa inteligencia política, otros con la precariedad laboral, aquellos llevándose la pasta a paraísos financieros.
Siempre hay una Santa Alianza, otros Cien Mil Hijos de San Luis, desde medios de comunicación hasta corporaciones oligárquicas, sustentados en instituciones vetustas y ancestrales ritos, para hacer temblar lo que de Riego tenemos cada uno de nosotros.
Hay un temor a lo reaccionario que nos paraliza, como un recuerdo odioso del ahorcamiento de Rafael del Riego. Siempre me pregunté por qué le cortaron la cabeza instantes después de su ahorcamiento. Y me sigo preguntando de dónde salió tanta chusma que gritaba “vivan las caenas”.
Porque nuestro peor mal es la desmemoria. La falta de recuerdos sobre aquellos que dieron su vida por nuestra libertad. De los que no se acuerda ni Dios, en un país lelo y aturullado, oculto en una historia que escribieron los de siempre y que se cuestiona como nación, después de cuestionarse como imperio y ahora que no reconoce su democracia.

1 thought on “Editorial “Riego””

  1. Estoy totalmente de acuerdo, tanto así , ( como el dicho) » que quien olvida ( y desconoce ) su is toria está abocado a repetirla» . Espero de verdad que esto no pase en mi país, pero si se sigue ignorado nuestra historia podría darse. Creo que en este país debemos de dejar de tener miedo a nuestra historia

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