Editorial “Pablo Iglesias (el día de su muerte)”

Pablo Iglesias fundó el PSOE, junto con un grupo de obreros e intelectuales, un día de primavera de 1879. A Pablo le brillaban los ojos cuando hablaba y se dirigía a sus compañeros transmitiéndoles la emoción que el socialismo contagia a aquellos que escuchan.
No han sido pocas las piedras en el camino que hemos tenido que sortear, muchas de ellas con dolor, aquellos socialistas que hemos tratado de trasladar, a través de las instituciones, nuestras ideas a una sociedad que muchos creemos injusta y conservadora.
Pero cualquier momento de desaliento nos ha hecho recordar la infancia de Pablo Iglesias viniendo con su madre de Ferrol, sufriendo una niñez y una adolescencia trágicas, recuerdos que marcaron su vida para siempre y sembraron de lucha su actividad política.
No tenemos derecho a incomodarnos porque el viento sople contra nuestras velas. Tan solo debemos recordar la lucha de aquel puñado de obreros y profesionales que trataban de lograr una sociedad sin clases en un mundo que les encarcelaba.
Desde la fundación del partido pasamos un desierto de más de veinte años. Hasta que conseguimos los tres primeros concejales en el Ayuntamiento de Madrid. Ahora yo, concejal sentado en el mismo sitio que se sentó Pablo Iglesias o Francisco Largo Caballero, aspiro a tener al menos una pequeña parte de la voluntad de hierro que tenían aquellos compañeros.
Pablo Iglesias, fundador del PSOE y de la UGT, falleció un día como hoy, 9 de diciembre de 1925. El día más triste, el día más frío, el día más gris. El día en el que los socialistas del partido, los socialistas del sindicato y los socialistas de las Juventudes, nos reconciliamos con nuestra propia historia y seguimos aprendiendo de ´el abuelo´ para poder seguir mirando a un futuro prometedor de una sociedad sin clases.

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