Editorial «Los Empecinados»

Una parte de Cataluña, minoritaria y radical, no quiere que el problema se solucione. Y una pequeña parte del resto de España, ciega y conservadora, tampoco desea el remedio a tan urgente situación. Porque se alimentan ambas partes de la tensión que reduce los espacios y cría radicales.
Si tengo que empezar este editorial aclarando que este periódico, este director en concreto, acata las leyes y la Constitución, es que vivimos en un país enfermo. Normas que me permiten decir con libertad que la escasa inteligencia y la ausencia de reflejos, también son parte de nuestro acervo político.
Puedo entender que la ruptura y el desorden beneficien a los dirigentes de la CUP, a una parte de ERC y a aquellos del PDCat que no se juegan nada en lo personal. Refuto y condeno su actitud interesada donde buscan un río revuelto para dar un paso más hacia el abismo.
Pero no puedo entender el empecinamiento de los conservadores en evitar cualquier puente de plata para que los desleales dejen de maltratar nuestra historia, nuestras leyes y nuestra democracia.
En nada se parece Rajoy, empero, a la figura del guerrillero Juan Martín Díez, el Empecinado, cuyo valor contra la opresión quedó ampliamente demostrado. Hereda sólo de él la terquedad y la porfía.
La obstinación de Mariano Rajoy de no dejar ni un resquicio de salida es una prueba palmaria de su escasa inteligencia política. La intransigencia más absoluta con el delincuente le convierte en el principal refutador de la justicia reparativa.

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